24 oct. 2017

La Primera República española. Alfonso XII y la Restauración. Las guerras carlistas


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Óleo de Francisco de Goya "La familia de Carlos IV"
María Luisa de Parma y Carlos IV son las figuras centrales
En el lado izquierdo figura Carlos María Isidro, rey carlista
Carlos V,  a su lado vemos a su hermano, el próximo rey
Fernando VII acompañado de una dama sin rostro al no
conocerse  aún quién sería su esposa. Goya pinta a
  María Luisa con los pies abiertos demostrando su desprecio

Emilio Castelar saludó de esta manera a la Primera República: "Con Felipe II murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, lamonarquía parlamentaria; con la renuncia de Amadeo de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con la monarquía, ha muerto por sí sola". 
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                                                        La Primera República


Carlos VII Borbón carlista
Amadeo I dimitió el 11 de febrero de 1873. Ese día, Congreso y Senado reunidos en Asamblea Nacional proclamaron la Primera República por 256 votos contra 32.
Emilio Castelar pronunció un discurso para saludar el nuevo régimen: "Con Fernando VII murió la monarquía tradicional, con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria, con la renuncia de Amadeo I de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma. Nadie trae la República, la traen todas las circunstancias".
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En el afán de que tanto los españoles como cada una de sus regiones obtuviesen un máximo de libertades, la Primera República deseó emular a las obtenidas por los estadounidenses gracias a la Constitución que habían sancionado en 1787, ya que debido a ella cada Estado federado disponía de su propia Constitución dentro de la global de la nación.
Conforme a ese deseo,, en la primera sesión de Cortes celebrada el 1 de junio de 1873, se formuló un proyecto de Constitución con la creación de Estados Federados. Este plan unido a la ausencia de autoridad estatal originó una pronta reacción, con el anuncio de múltiples pequeñas repúblicas. Sobresalieron, dentro de los despropósitos, la declaración de guerra entre Murcia y Jumilla y el empecinamiento de la República de Cartagena", que sólo entró en razones cuando las tropas enviadas desde Madrid entraron en la ciudad.
Como aún quedaba demasiado tiempo para la mayoría de edad del hijo de Isabel II y una regencia no podía prolongarse por cerca de dos años, los caciques y los alfonsinos consideraron que la mejor solución temporal era la de dar la razón a republicanos y radicales y que España se rigiera durante un tiempo por una república.
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Proyecto de la España Federada que sancionaría
  la Constitución de 1873. Gráfico Wikipedia
Cuatro presidentes tuvo la Primera República en aquel 1873: Estanislao Figueras entre el 12 de febrero al 11 de junio, Francisco Pi y Margall  que gobernó desde el 11 de junio al 18 de julio y Nicolás Salmerón que presidió hasta el 7 de septiembre. Todos ellos fueron incapaces de poder realizar alguna gestión, pues su autoridad era sólo testimonial, hasta que llegó a la presidencia un "republicano de derechas", Emilio Castelar, quien tampoco logró desarrollar algún proyecto.
Una de las constantes en aquellos tiempos era la indefinición de las características, doctrina, estructuras y fines de los partidos políticos, que con muy pocos y cultos afiliados, cambiaban rápidamente de ideología y mucho más aún de nombre. Figueras, Pi y Margall y Castelar pertnecían al Partido Republicano Federal o Partido Democrático Federal, mientras que Salmerón figuraba en el Partido Demócrata o Democrático o Partido Democrático Progresista.
Durante el mandato de Figueras, Pi y Margall ocupó la cartera de Gobernación, siendo Salmerón el ministro de Gracia y Justicia con Figueras.
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Con la República se inició un proceso, que acabó con ella, para que el servicio militar no fuese obligatorio, iniciando el proyecto de organizar un ejército semiprofesional.
Pronunciamiento de Sagunto, dado por el
general Arsenio Martínez Campos

La legislatura de Estanislao Figueras pudo sacar adelante el proyecto de Manuel Ruiz Zorrilla redactado en el reinado de Amadeo I, consistente en abolir la esclavitud en Puerto Rico.
Emilio Castelar, tras la República y cuando lo creyó oportuno, fundó el también efímero Partido Demócrata Posibilista.
El 3 de enero de 1874 el general Manuel Pavía entró con tropas en las Cortes, que fueron disueltas de forma definitiva al avalar los caciques, y sus políticos, la insólita acción. Los auténticos poderes del país nombraron regente al general Serrano, ya por entonces, duque de la Torre. Desde ese momento, comenzó la repatriación de capitales huidos sin pausa desde la proclamación de la Primera República.
El problema de la necesaria Reforma Agraria pasó de no acometerse a no intentarse solucionarlo.
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                                                           La Restauración
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Llegada de Alfonso XII al Palacio Real, de
mi "La ilustración española y americana"
Amadeo I, Primera República, Regencia, todos ellos regímenes transitorios de una situación que finalizó cuando el 29 de diciembre de 1874 el general Arsenio Martínez Campos proclamó rey a Alfonso en Sagunto, con el nombre de Alfonso XII. El motivo fue que el hijo de Isabel II alcanzaba la mayoría de edad, el momento legal esperado por los caciques de la política y los fáciles y protegidos negocios, sobre todo en ultramar.
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Con su acción, Martínez Campos obtuvo méritos ante los caciques, al igual que años antes los había realizado el general Manuel Pavía al disolver con sables y caballos la sesión de Cortes de la Primera República. Martínez Campos fue Gobernador general de Cuba, desde donde ascendió para ejercer como presidente del Consejo de Ministros el 7 de marzo de 1879.
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La Restauración, abarcó en el tiempo tres etapasAlfonso XII (1875-1885), Regencia de María Cristina de Habsburgo (1885-1902) y Alfonso XIII (1902-1931), pues dentro de esta última se debe encuadrar el régimen de Miguel Primo de Rivera, que perduró más de seis años, pero durante el cual, el rey continuó ejerciendo como jefe de Estado.
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                                       .Alfonso XII al servicio de Cánovas del Castillo
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En 1876 se aprobó una Constitución por la que se rigieron los españoles hasta la llegada de la Segunda República, excepto en los tiempos en los que gobernó Miguel Primo de Rivera.
Antonio Cánovas del Castillo, sello
La Constitución de 1876 expresaba en su texto la cosoberanía entre el rey y las Cortes, siendo el monarca el encargado de elegir el Senado, mientras que el Congreso de Diputados se constituía a través de una votación limitada a unos pocos electores varones que cumplían los requisitos dictados por el poder. El rey nombraba al primer ministro. Aunque el Estado se declaraba de profesión católica, se toleraba cualquier otro culto religioso.

Alfonso XII no fue, en absoluto, un rey licencioso o cruel como lo fueron de una u otra forma sus antepasados recientes. Fue un rey manejable y manejado, con poderes sólo teóricos y de representación, hasta su temprana muerte, acaecida el 25 de noviembre de 1885.
Tanto en el reinado de Alfonso XII como en la posterior regencia de su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo-Lorena, el cargo de Primer Ministro lo ocupaba habitualmente Antonio Cánovas del Castillo; y cuando España sufría un percance grave el puesto pasaba durante un tiempo a manos de Práxedes Mateo Sagasta.
Esta forma de gobernar por turnos de Cánovas y Sagasta perduró prácticamente durante veinticinco años, y acabó cuando Cánovas fue asesinado en agosto de 1897 por el anarquista italiano Angiolillo en el balneario de Cestona. Sagasta terminó su carrera política al ser España derrotada sin paliativos por Estados Unidos en el Caribe y Filipinas, en 1898, el "Año del Desastre"

El general carlista Ramón Cabrera ante Morella,
villa que tomó y defendió. óleo Ferrer-Dalmau

                                              Los carlistas. Las guerras civiles carlistas
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Carlos VII, óleo de José Cusachs
Desde Felipe V, con la Casa Borbón reinando en España, la sucesión al trono se regía por la Ley Sálica. Pronto a morir, Fernando VII logró causar un nuevo mal a los españoles, al derogar graciosamente la Ley Sálica, sustituyéndola por la Pragmática Sanción. De esta forma, su hija, Isabel, podría reinar (tras la regencia de su madre, Cristina de Borbón) en lugar de Carlos María Isidro, Carlos V como rey. Carlos María Isidro, 1788-1856, era el segundo hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma. Fernando VII fue el primogénito  y padre de Isabel.
Más tarde, Juan Carlos María Isidro, hijo de Carlos V tomó el nombre de Carlos VI
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El capitalismo español, centralizado en Madrid, apoyó el deseo dinástico de Fernando VII, pues acuciado por la evolución de la situación anacrónica colonial en América, consideraba mucho más manejables para sus intereses económicos a una mujer aún niña y, en primera instancia, a una regente cuya única y gran preocupación era la buena vida.
Esta ilegalidad cometida con imprudencia y soberbia, levantó en su contra a todo español partidario de la legalidad constitucional, dando lugar a una guerra civil, cuyo proceso se desarrolló en varias etapas, conocidas como guerras carlistas, al ser Carlos el presunto próximo rey conforme a la ley sucesoria dictada en España por la Casa de Borbón cuando entró a reinar Felipe V.
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Tomás Zumalacárregui
Además de la gran diferencia política existente  entre los isabelinos partidarios de Isabel y los carlistas, existía un marcado distanciamiento en la concepción de la sociedad. Los carlistas cumplían con su lema "Dios, Patria, Rey y Fueros", un modelo filosófico, un tanto regresivo y reaccionario, muy distante al manifestado por la corrupción moral existente con Carlos IV, Fernando VII, la regente Cristina Borbón e Isabel II. Una corrupción extendida en los negocios, en la prevaricación y en la tenencia de esclavos. Los isabelinos se caracterizaban por instalar la falta de libertades y derechos básicos de los españoles, y por su política imperialista y radicalmente centralizada. El carácter soberbio y agresivo propio de la política de los isabelinos quedó reflejado en el magnicidio que cometieron con Prim,(representante de los valores que un día hicieron de España una gran nación), el sufrimiento del pueblo en las estúpidas guerras en Marruecos y el Pacífico suramericano y el  desastre final de 1898, amén de las guerras civiles carlistas. Las guerras civiles no solo expresaron un interés por la elección del monarca, pues manifestaron dos formas muy distintas de calibrar los valores humanos.
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Esos conflictos asolaron a España durante medio siglo. Comenzaron cuando el coronel y reciente gobernador militar de El Ferrol, el guipuzcoano.Tomás de Zumalacárregui y de Imaz se alzó en armas, en 1833, contra la impudicia estatal. Esta primera guerra carlista perduró hasta el "Abrazo de Vergara", protagonizado por el general carlista Rafael Maroto y el isabelino Baldomero Espartero el 31 de agosto de 1839, aunque el convenio ya se había firmado el día 29. Este conflicto se desarrolló sobre todo en el País Vasco; y Navarra; también en el Maestrazgo donde brilló el general carlista Ramón Cabrera.

1900. Desfile militar en Madrid, calle Alfonso XII,,
al fondo, el Observatorio Astronómico.
La segunda guerra se libró en Cataluña, donde el juvenil y voluntario ejército carlista estaba compuesto por catalanes apoyados por jóvenes de otras regiones. Se inició en septiembre de 1846 y finalizó en mayo de 1849 cuando los últimos carlistas huyeron a Francia empujados por los  generales Manuel de la Concha marqués del Duero y  Fernando Fernández de Córdova, entre otros.
Al morir Carlos VI en noviembre de 1867, sus derechos dinásticos pasaron a Carlos María de Borbón, como rey Carlos VII, quien no aceptó la fórmula ideada por Cánovas de casar a su hija Elvira con Alfonso XII, y precedió a restaurar, nominalmente, los fueros de Cataluña, que habían sido suprimidos por Felipe V.
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La tercera guerra carlista fue dura, combatiéndose entre 1872 a 1876 en País Vasco, Navarra, Cataluña y Maestrazgo, alcanzando otros parajes de España. Disponiendo de un mayor número de soldados, el ejército de Madrid capitaneado por Francisco Serrano logró levantar el sitio de Bilbao el 2 de mayo de 1874,, donde las tropas de Carlos VII habían intentado tomar la ciudad durante más de dos meses.
Los centralistas terminaron por imponerse en la decisiva batalla de Montejurra en febrero de 1876. Los generales Fernando Primo de Rivera y Arsenio Martínez Campos brillaron en el ejército vencedor.

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