14 oct. 2007

Juan Prim y "La Gloriosa". Amadeo I. Los carlistas. La Primera República. La Restauración

Juan Prim, óleo de Luis de Madrazo
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Pronunciamiento de Sagunto por el
general Martínez Campos
Carlos IV, Fernando VII, la regente María Cristina de Borbón e Isabel II llevaron una vida impropia de personas normales y mucho menos de la esperada para unos reyes. Sin embargo, lo más lamentable de aquellos reinados es que en el siglo XIX durante ochenta años, España estuvo conmocionada con continuas guerras internas y exteriores, revoluciones y pronunciamientos militares que asolaron la nación, la economía y la formación y felicidad debida del pueblo.
Durante el reinado de Isabel II surgió en España una figura, la del reusense Juan Prim y Prats (Joan Prim i Prats, primer marqués de Castillejos, primer conde de Reus y primer vizconde del Bruch), que agregó a los éxitos militares logrados en la Primera Guerra Carlista y más tarde en la Guerra de África de 1859-60, la valiente y singular decisión, de reembarcar las tropas sin entrar en combate contra el presidente Benito Juárez, cuando ya estaba en México, con el fin principal de afianzar al archiduque Maximiliano de Habsburgo en el trono, conforme a la voluntad de Napoleón III y el beneplácito del gobierno español. La excusa para la intervención fue el impago del presidente Juárez a Francia, sobre todo, y España, que conjuntamente decidieron la intervención militar el 31 de octubre de 1861.
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Prim arribó al puerto mexicano de Veracruz en enero de 1862; analizó la situación y el origen del conflicto y adoptó la medida pertinente, regresar sin luchar, cuando las tropas españolas establecidas en Cuba ya habían intervenido en el conflicto. Los franceses combatieron contra los mexicanos, privados de la teórica ayuda de Estados Unidos debido a la Guerra de Secesión. Maximiliano logró coronarse emperador de México.
Prim, desde su puesto de diputado, logrado en 1841 al presentarse en Tarragona por el Partido Progresista,  pugnó contra la posturaa autoritaria de gobernar de Espartero, máxima expresión de  la anacrónica y ciega política oficial, responsable de las guerras carlistas y coloniales, del tráfico de esclavos y de la esclavitud que se llevaba a cabo en el Caribe español.
El general Juan Prim y el ejército español en Veracruz
La manera que tenía Prim de ver y sentir la vida y la política no tenía nada en común con la de Isabel II, sus gobiernos y los caciques. Prim no tuvo más remedio que exiliarse a Portugal.
Años más tarde, tras el asesinato de Prim, cuando ejercía de presidente del Gobierno, la forma oficial de proceder del Estado español retornó a la existente antes de su breve mandato. Así perduró durante el reinado de Alfonso XII y la posterior regencia de María Cristina, hasta 1898, año del Desastre. La política siempre estuvo orquestada durante este tiempo por la terna: Cánovas del Castillo, Sagasta y Romero Robledo.
. Juan Prim y La
                                                         Juan Prim y La Gloriosa

Tras la Batalla de Alcolea. Celebración en la Puerta del Sol, Madrid
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Amadeo I de Saboya
óleo de Carlos Luis de Ribera
Después de varias décadas de continuos desatinos que trasladaron a España a la pobreza y las guerras internas, determinados militares interpretando con fidelidad el sentimiento nacional se sublevaron contra el régimen monárquico. La revolución de septiembre de 1868, denominada "La Gloriosa", comenzó con un levantamiento en la base naval de Cádiz, ciudad de embarque de las tropas con destino a las colonias  de ultramar. Serrano y Prim, los dos "favoritos" de Isabel II pocos años antes, fueron los militares que encabezaron la sublevación.
.El brigadier Juan Bautista Topete firmó el 17 de septiembre  la proclama de la Revolución de 1868, que finalizaba con ¡Viva España con honra". De inmediato se constituyó una Junta Militar en la que figuraban, entre otros, el propio Topete, Francisco Serrano, Rafael Primo de Rivera y Domingo Dulce. La jefatura del gobierno de la nación fue ofrecida a Prim, que regresó del exilio.
La Junta exigió la dimisión de Isabel II para poder constituir un gobierno provisional mientras se convocaba un sufragio a nivel nacional para dirimir el destino de España. El lema de la Junta fue: "Por una España con honra".
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Sin embargo, Isabel II no dimitió. Sus tropas leales, organizadas por el general José Gutiérrez de la Concha y dirigidas por Manuel Pavía y Lacy salieron al encuentro de los sublevados, pero fueron derrotadas por el general Francisco Serrano en el Puente de Alcolea, Córdoba, el 28 de septiembre de 1868. Debido a ello, la reina tuvo que exiliarse, marchando a París desde San Sebastián, donde estaba veraneando..
Amadeo I frente al féretro de Juan Prim
óleo de Antonio Gisbert
Este golpe de Estado expresaba el sentir de la mayoría de los españoles. En la Gaceta de Madrid del 30 de septiembre de 1868, día en el que se exilió Isabel II, se publicó esta proclama: "A las Juntas Revolucionarias de todas las capitales. El pueblo de Madrid acaba de dar el grito santo de libertad y abajo los Borbones; y el ejército, sin excepción de un solo hombre, fraterniza en todas partes con él. El júbilo y la confianza son universales (...)".
No obstante, las ilusiones de un futuro de vida mejor para el pueblo fueron poco a poco apagándose, merced al soplo de intereses bastardos del poder y a la intolerancia, incluso criminal, de ese poder dirigida hacia los que deseaban un nuevo proyecto de vida, tanto para España como para sus colonias. Y cuando Prim fue asesinado, los caciques retornaron a la cabeza económica de la nación, con los políticos como escuderos corruptos necesarios para desarrollar sus negocios privilegiados.
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grabado, batalla Puente de Alcolea
Joaquín Costa había publicado, al respecto, un artículo titulado "Oligarquía y caciquismo": "Llegó septiembre de 1868; ocurrió el alzamiento del día 29, tan sonado; surgieron por todas partes Juntas revolucionarias; vibraron los himnos patrióticos; proclamose la soberanía nacional; y en medio del mayor entusiasmo una constitución democrática fue promulgada. Pues lo mismo que si no hubieseis promulgado nada. Se habló de obstáculos tradicionales, y el trono del monarca fue derribado; pero el verdadero obstáculo tradicional, el trono del cacique, quedó incólume, y todo aquel aparato teatral: Manifiesto de Cádiz, Juntas revolucionarias, destronamiento de la reina, constitución democrática, soberanía nacional, no pasó de la categoría de pirotécnica; la graduamos de revolución, y no fue sino un simulacro de revolución".
Los caciques: "señores" de la política y la economía, de los magnicidios y la esclavitud, de los negocios y del sufrimiento del pueblo; con el indigno Romero Robledo como buque insignia. Un sinfín de militares, "los señores de la guerra", giraban en el entorno creado por políticos y caciques, buscando ascensos y honores.
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..                                                    ..Política de Prim. Amadeo I


Estatua de Juan Prim,  Parque de la Ciudadela en Barcelona
escultor: Lluis Puiggener
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Antonio Cánovas del Castillo
Tras un Gobierno Provisional presidido por Serrano, las Cortes, recién elegidas durante 1969, nombraron regente a Serrano, mientras que Prim pasó a ocupar el cargo de primer ministro.
Se promulgó una Constitución, la de 1869, conocida como "La Gloriosa"; en ella se detallaba que la soberanía de la nación reposaba en manos de unas Cortes elegidas por sufragio universal. Además se especificaban y separaban los tres poderes: el legislativo residía en las Cortes, el ejecutivo en el futuro rey (la opción republicana era minoritaria) y el judicial en los tribunales, donde aparecía la institución del jurado.

La política de Prim se basó en dos pilares: buscar un rey que no fuese de la Casa de Borbón, acabando de paso con las guerras carlistas, y finalizar con la anacrónica y vergonzosa situación colonial y esclavista en ultramar, que él conocía muy bien pues durante 1847 y 1848 había ocupado el cargo de Capitán General de Puerto Rico, donde tuvo que con dureza para afirmar los intereses económicos que se dictaban en Madrid..

Prim se puso en contacto con los descendientes de españoles que vivían en el Caribe y con el presidente de los Estados Unidos de América, Ulysses S. Grant, ya que su idea de futuro de unas colonias unidas a España por lazos culturales y económicos no sería factible sin una garantía del poderoso vecino.
Pero esta actitud de Prim, llevada con firmeza y sin pausa, chocó de frente con la nobleza latifundista y con los caciques que tenían intereses en el Caribe y Filipinas y que deseaban el regreso de la Casa de Borbón, personificada en el todavía niño Alfonso, y en la lógica, por las circunstancias habidas, de que éste al llegar a su mayoría de edad legal sería aún más manejable que su madre, Isabel II. Otra opción para ellos era la de coronar al duque de Montpensier.

Carlos VII, óleo de José Cusachs
En la sesión de las Cortes del 16 de noviembre de 1870 se procedió a votar por el régimen político por el cual se debería regir España. Prim presentó la candidatura de Amadeo de Saboya, duque de Aosta e hijo de Víctor Mamuel II y María Adelaida de Habsburgo-Lorena.
De los 334 votos posibles, 311 diputados presentes, Amadeo logró 191. A mucha distancia quedaron en las urnas los que deseaban una República Federal, con 60, y los que propusieron  como rey (aparte la rama carlista) al duque de Montpensier (de la casa de Orleans y cuñado de Isabel II), con 27. Otros significados candidatos derrotados fueron Leopoldo de Hohenzollern (rechazado por Napoleón III y que fue el origen de la guerra franco-prusiana) y Fernando de Coburgo, al igual que cualquier pretendiente borbón o emparentado con ellos.
Y es que el deseo de Prim expresado en la frase,  refiriéndose a cualquier candidato relacionado con la casa de Borbón: ¡jamás, jamás, jamás" obtuvo el éxito pertinente. Amadeo quedó proclamado rey constitucional.
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Sin embargo, el líder de la restauración de la Casa Borbón, Antonio Cánovas del Castillo, no renunciaba a su proyecto político, y a tal efecto pronunció en las Cortes un discurso, el 21 de diciembre de 1870, a los pocos días de ser elegido rey Amadeo de Saboya, en él resaltaban estas palabras: "de todas las maneras de ocupar los reyes el trono la herencia es la mejor, la herencia no interrumpida". Clara oposición a los dictámenes de Prim. Clara política favorable a los caciques y la esclavitud, siempre que se tuviese un rey fácilmente  manejable (1).
Con seguridad, la rama carlista (3), antiesclavista, no iba a poder ser manipulada por los caciques, y la solución de comenzar con una nueva dinastía originaba las lógicas dudas a los intereses caciquiles. En cualquier caso, con cualquiera de las dos ramas de la Casa Borbón o con Amadeo, estando Prim en el poder, no se hubiera podido continuar con la política colonialista. De ahí los deseos de Cánovas, valedor de los caciques, de retirar a Prim de la política, pues peligraban los latifundios, los negocios en el exterior basados en la esclavitud y los inadecuados y anacrónicos privilegios de aquella clase afincada en la política y los negocios.
Prim en la batalla de Tetuán, óleo
de Francisco Sanz
Aquellas palabras de Cánovas acerca de la herencia no interrumpida, pronunciadas en el Parlamento a falta de muy pocos días para que asesinaran a Prim y para la llegada de Amadeo, dan lugar a muchas conjeturas, pero lo que sí es seguro es que muy flacos servicios iba rendir Cánovas a Amadeo y a la política de Prim, que con su muerte quedó anulada, perviviendo el colonialismo y la esclavitud, y la sangre y el sudor para el pueblo español. Considero este asesinato como la mayor desgracia que sufrió el pueblo español durante el siglo XIX. 
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Amadeo I no tuvo la oportunidad de conocer en vida a su valedor. Prim fue asesinado en la calle del Turco, hoy Marqués de Cubas, al salir de una reunión parlamentaria. Murió a las pocas horas de ser herido, el 30 de diciembre de 1870 (4). Amadeo, desde la estación de ferrocarril marchó a la Basílica de Atocha, donde estaba el cadáver de su mentor, luego a las Cortes para jurar la Constitución.
Amadeo I reinó a partir del 3 de enero de 1871, o mejor dicho, intentó reinar. Ya desde el primer momento, según nos explicó Tuñón de Lara: "las casas aristocráticas, los Montijo, Alba, Bailén, Alcañices, Heredia Spínola, Torrecilla, Sesto (...), cerraron sus puertas al nuevo rey".
El general carlista Ramón Cabrera ante Morella,
villa que tomó y defendió. Óleo Ferrer-Dalmau
Amadeo I luchó por convertir España en una nación moderna y justa. Con el gobierno de Manuel Ruiz Zorrilla (que sólo perduró entre julio y octubre de 1871), del Partido Radical, se propuso terminar con la esclavitud, comenzando por la existente en Puerto rico, supongo que luego se intentaría eliminarla de Cuba. Otro proyecto fue el de la separación de la Iglesia y del Estado, pero los integrantes del partido reaccionario de Práxedes Mateo Sagasta, voz del capitalismo de corte feudal y esclavista, se oponía, al igual que se opusieron a cualquier precio con Prim y, como este partido también tenía que gobernar, Sagasta lo hizo entre el 21 de diciembre de 1871 y el 26 de mayo de 1872. Los republicanos, en la oposición muy poco podían hacer y nada hicieron, excepto protestar.
Amadeo I no soportó ser un pelele, tampoco el fallido atentado perpetrado contra él por los caciques, en unos tiempos en los que todavía no habían comenzado los magnicidios llevados a cabo por los anarquistas, ni el recrudecimiento de las guerras carlistas, ni la derrota de las tesis antiesclavistas que tanto había propugnado Prim y luego continuadas por Emilio Castelar, Pi y Margall, Nicolás Salmerón, Estanislao Figueras, Giner de los Ríos y José María Orense, entre otros.

Atentado contra Prim en la calle del Turco, hoy Marqués
de Cubas,  Prim fue rematado en el hospital

                                                          La Primera República

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Carlos VII Borbón
Amadeo I dimitió el 11 de febrero de 1873. En ese día, Congreso y Senado reunidos en Asamblea Nacional proclamaron la I República por 256 votos contra 32.
Emilio Castelar pronunció un discurso para saludar el nuevo régimen: "Con Fernando VII murió la monarquía tradicional, con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria, con la renuncia de Amadeo I de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma. Nadie trae la República, la traen todas las circunstancias".
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En su afán de que tanto los españoles como sus regiones obtuviesen un máximo de libertades, la Primera República deseó emular a las obtenidas por los estadounidenses gracias a la Constitución que habían sancionado en 1787, y que gracias a ella cada Estado federado disponía de su propia Constitución dentro de la global de la nación.
Por ello, en la primera sesión de Cortes celebrada el 1 de junio de 1873, se formuló un proyecto de Constitución en  1873 con la creación de Estados Federados. Este proyecto unido a la falta de autoridad estatal originó una pronta reacción, con el anuncio de múltiples pequeñas repúblicas. Sobresalió, dentro de los despropósitos, la declaración de guerra entre Murcia y Jumilla y el empecinamiento de la República de Cartagena", que sólo entró en razones cuando las tropas enviadas desde Madrid entraron en la ciudad.
Como aún quedaba demasiado tiempo para la mayoría de edad del hijo de Isabel II y una regencia no podía prolongarse por cerca de dos años, los caciques y los alfonsinos consideraron que la mejor solución temporal era la de dar la razón a republicanos y radicales y que España se rigiera por una república.
.La
Proyecto de la España Federada que sancionaría
  la Constitución de 1873. Gráfico Wikipedia
Tres presidentes tuvo la Primera República en aquel 1873: Estanislao Figueras entre el 12 de febrero al 11 de junio, Francisco Pi y Margall  que gobernó desde el 11 de junio al 18 de julio y Nicolás Salmerón que presidió hasta el 7 de septiembre. Todos ellos fueron incapaces de poder realizar alguna gestión, pues su autoridad era sólo testimonial, hasta que llegó a la presidencia un "republicano de derechas", Emilio Castelar, quien tampoco logró desarrollar algún proyecto.
Una de las constantes en aquellos tiempos era la indefinición de las características, doctrina, estructuras y fines de los partidos políticos, que con muy pocos y cultos afiliados, cambiaban rápidamente de ideología y mucho más aún de nombre. Figueras, Pi y Margall y Castelar pertnecían al Partido Republicano Federal o Partido Democrático Federal, mientras que Salmerón figuraba en el  Partido Demócrata o Democrático o Progresista.
Durante el mandato de Figueras, Pi y Margall ocupó la cartera de Gobernación, siendo Salmerón el ministro de Gracia y Justicia. 
Con la República se inició un proceso, que acabó con ella, para que el servicio militar no fuese obligatorio, siendo la base del ejército semiprofesional.
La legislatura de Estanislao Figueras pudo sacar adelante el proyecto de Manuel Ruiz Zorrilla del reinado de Amadeo I, consistente en abolir la esclavitud en Puerto Rico.
Emilio Castelar, tras la República y cuando lo creyó oportuno, fundó el también efímero Partido Demócrata Posibilista.
El 2 de enero de 1874 el general Manuel Pavía entró con tropas en las Cortes, que fueron disueltas de forma definitiva al avalar los caciques, y sus políticos, la insólita acción. Los auténticos poderes del país nombraron regente al general Serrano, ya por entonces, duque de la Torre. Desde ese momento, comenzó la repatriación de capitales huidos sin cese desde la proclamación de la Primera República.
El problema de la necesaria Reforma Agraria pasó de no acometerse a no intentarse solucionarlo.
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                                                           La Restauración
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Amadeo I embarca en La Spezia rumbo a España
óleo del madrileño Luis Álvarez Catalá
Amadeo I, Primera República, Regencia, todos ellos regímenes transitorios, situación que finalizó cuando el 29 de diciembre de 1874 el general Arsenio Martínez Campos proclamó rey a Alfonso en Sagunto, con el nombre de Alfonso XII. El motivo: el hijo de Isabel II alcanzaba la mayoría de edad, con ello se daba legalidad al deseo, esperado, de los conservadores y los caciques, es decir, la Restauración de la Casa de Borbón en España, que se convirtió en un hecho consumado. Martínez Campos obtuvo méritos ante los caciques, al igual que antes los había realizado otro general, Pavía.
La Restauración, estimo que abarcó en el tiempo tres etapas: Alfonso XII (1875-1885), Regencia (1885-1902) y Alfonso XIII (1902-1931), pues dentro de esta última se debe encuadrar el régimen de Miguel Primo de Rivera, que perduró más de seis años, durante el cual, el rey continuó ejerciendo como jefe de Estado.
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                                        ......Alfonso XII al servicio de Cánovas
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Antonio Cánovas del Castillo, sello
En 1876 se aprobó una Constitución que había cumplido sus funciones (excepto en los tiempos en los que gobernó Miguel Primo de Rivera) hasta la llegada de la Segunda República. Entonces, se redactó una nueva.
La Constitución de 1876 expresaba en su texto la cosoberanía entre el rey y las Cortes, siendo el monarca el encargado de elegir el Senado, mientras que el Congreso de Diputados se constituía a través de una votación limitada a unos pocos electores varones que cumplían los requisitos dictados por el poder. El rey nombraba al primer ministro. Aunque el Estado se declaraba de profesión católica, se toleraba cualquier otro culto religioso.

Alfonso XII no fue, en absoluto, un rey licencioso o cruel como lo fueron de una u otra forma sus antepasados recientes. Fue un rey manejable y manejado, con poderes sólo teóricos, hasta su muerte, acaecida el 25 de noviembre de 1885.
Tanto en el reinado de Alfonso XII como en la posterior regencia de su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo-Lorena, el cargo de Primer Ministro lo ocupaba habitualmente Antonio Cánovas del Castillo; y cuando España sufría un percance grave el puesto pasaba durante un tiempo a manos de Práxedes Mateo Sagasta.
Esta forma de gobernar por turnos (2) acabó cuando Cánovas fue asesinado en agosto de 1897 por el anarquista italiano Angiolillo en el balneario de Cestona. Sagasta terminó su carrera política al ser España derrotada sin paliativos por Estados Unidos en el Caribe y Filipinas, en 1898, el "Año del Desastre".
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La Batalla de Wad-Rass,  óleo de Mariano Fortuny
Llegada de Alfonso XII al Palacio Real
"La ilustración española y americana"
Leer el artículo escrito más tarde: "España y la esclavitud. Cánovas"
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(1) Isabel II había abdicado en favor de su hijo Alfonso el 25 de junio de ese año, 1870, en París. Cánovas tuvo mucho que ver en esta maniobra, pues Isabel nunca sería aceptada, de nuevo. En agosto de 1873, la Casa Real otorgó a Cánovas plenos poderes para que llevara a cabo la Restauración. El 13 de octubre de 1876, Isabel II regresó a la Corte de Madrid como madre del rey.
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(2) El sistema del gobierno por turnos se pactó de hecho en noviembre de 1885, cuando a la muerte de Alfonso XII, Cánovas cedió su puesto a Sagasta, que se mantuvo el poder, en su primera estancia, hasta julio de 1890.
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(3) Con la Casa Borbón reinando en España, la sucesión al trono se regía por la Ley Sálica. Pronto a morir, Fernando VII logró causar un nuevo mal a los españoles, al derogar graciosamente la Ley Sálica, sustituyéndola por la Pragmática Sanción. De esta forma, su hija, Isabel, podría reinar (tras la regencia de su madre, Cristina de Borbón) en lugar de su hermano Carlos María Isidro, Carlos V.
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El capitalismo español, centralizado en Madrid, apoyó el deseo dinástico de Fernando VII, pues acuciado por la evolución de la situación anacrónica colonial en América, consideraba mucho más manejables para sus intereses económicos a una mujer aún niña y, en primera instancia, a una regente cuya única y gran preocupación era la buena vida.
1900. Desfile militar en Madrid, calle Alfonso XII
al fondo, el Observatorio Astronómico.
Esta ilegalidad cometida con imprudencia y soberbia, levantó en su contra a todo español partidario de la legalidad constitucional, dando lugar a una guerra civil, cuyo proceso se desarrolló en varias etapas, conocidas como guerras carlistas, al ser Carlos el presunto rey conforme a las leyes sucesorias.
Esos conflictos asolaron a España por más de medio siglo. Comenzaron cuando el coronel y reciente gobernador militar de El Ferrol, el guipuzcoano. Tomás de Zumalacárregui y de Imaz se alzó en armas, en 1833, contra la mpudicia estatal. Esta primera guerra carlista perduró hasta el "Abrazo de Vergara", realizado por el general carlista Rafael Maroto y el isabelino Baldomero Espartero del 31 de agosto de 1839, aunque el convenio ya se había firmado el día 29.
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(4) Investigaciones comenzadas en 2013, basadas en el estudio del cadáver de Prim, señalan que murió estrangulado en el hospital y no debido a las heridas recibidas al ser tiroteado También se apunta al general Serrano como la cabeza de la conspiración del magnicidio. El hecho de que los asesinos no fuesen castigados y la aparición del apunte contable del pagaré que éstos cobraron por su acción, ayuda a modificar la historia. Se espera una declaración oficial dentro del primer semestre de 2013. PD, no se ha realizado, pues el poder continúa silenciando este crimen de Estado, vergüenza de España y del capital esclavista, contantes de la España del siglo XIX.
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Requetés en Bilbao. Guerra Civil 1936-39
Fotografía de cabecera:
Juan Prim, óleo de Luis de Madrazo
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Fotografías en orden descendente:
-Pronunciamiento de Sagunto.
-Prim y la fuerza expedicionaria española en Veracruz. Mientras el grueso del ejército se desplazó directamente desde España, Prim recaló primero en Cuba.
-Se celebra en la madrileña Puerta del Sol el triunfo en la batalla del" Puente de Alcolea"
-Amadeo I de Saboya
-"Amadeo I frente al féretro de Juan Prim", óleo del pintor de Alcoy, Antonio Gisbert.
-Batalla del puente de Alcolea, grabado.
-Cánovas del Castillo
-Carlos VII Borbón. Óleo de José Cusachs.
-Prim en  "La batalla de Tetuán", óleo de Francisco Sanz.
-Ramón Cabrera en Morella, óleo de Ferrer-Dalmau.
-Carlos VII Borbón, rama dinástica carlista.
-Amadeo I embarca camino de España
Revolución La Gloriosa, primeros momentos en Cádiz
-Cánovas del Castillo
-La Batalla de wad-Rass, óleo de Mariano Fortuny
-Alfonso XII llega al Palacio Real, según mi ejemplar de "La Ilustración Española y Americana".
-Requetés en Bilbao, última guerra civil española. Originariamente, los requetés eran batallones de soldados que luchaban por Carlos V y la legalidad de su coronación, según la ley sucesoria vigente, modificada para dar entrada a la que fuese Isabel II.
-Momentos iniciales de la revolución "La Gloriosa en Cádiz".
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