25 de oct. de 2009

De Marx a Sartre. Los intelectuales crean Occidente


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Hasta finales del siglo XVIII, el europeo medio detentaba un desarrollo social, económico y cultural muy inferior no sólo al que disfrutaban las clases dominantes, sino también al que pudiese sospecharse debido al avance de las tecnologías. Esta incongruencia era debida porque el beneficio aportado por el desarrollo industrial no se repartía adecuadamente entre las capas sociales.
La industria, a su vez, crecía por debajo de sus posibilidades potenciales, al estar ciencia y empresas bajo el poder monolítico y monopolizador de las monarquías y la religión. El progreso estaba condicionado al visto bueno y a los intereses de estas dos instituciones, que habían circulado en líneas paralelas durante siglos.
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Fue a comienzos del siglo XIX cuando la población europea vislumbró un rayo de esperanza y progreso gracias a las ideas y quehacer de Napoleón Bonaparte. Sin embargo, y paradójicamente, ese hombre del pueblo que vivió para desarrollar los derechos de los pueblos europeos, como así lo certifica la Constitución Napoleónica, ese hombre que intentó refundar el sistema político y social, fue derrotado, en colaboración con la soberbia que profesaba, por dos pueblos, el ruso y el español. El español actuó con desconocimiento de las ideas de Napoleón, expresadas muy bien en el Decreto de Chamartín, auténtica Constitución, resumida, que obraba en favor del ciudadano y de la capacidad de producción y en contra de la concentración de patrimonio y poder en manos de la monarquía, la nobleza y la Iglesia. Sin embargo, su pensamiento pronto quedó en el olvido, al ser vencido militarmente y eliminado.
La derrota final de Napoleón acarreó a Europa efectos perniciosos, ya que el regreso de los poderes tradicionales conllevó endurecer más aún las condiciones de vida del pueblo, al que limitaron sus ya reducidas  libertades, deseándose evitar de esta forma cualquier reacción o revolución, continuadora de la Francesa.
El absolutismo se enseñoreó en Europa debido a las normas dictadas en el Congreso de Viena, celebrado durante 1814 y 1815 bajo la dirección del príncipe austriaco Klemens Metternich. Además, se creó un ejército, los Cien Mil Hijos de San Luis, para aplicar con fidelidad las resoluciones del Congreso, eliminando revoluciones de carácter antimonárquico.
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                          .Marx. Engels. Kautsky. Keynes. Se forja el actual Occidente
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La irracional situación europea logró que algunos intelectuales de la talla de Marx, Engels y Bakunin se alzaran contra la situación política y social. Por primera vez en la historia del Occidente moderno, la inteligencia no estuvo supeditada a los intereses del poder. En febrero de 1848, Marx y Engels publicaron "El Manifiesto Comunista".
Karl Marx y Friedrich Engels abordaron El Manifiesto de esta forma: "Un espectro se cierne sobre Europa, el espectro del comunismo (esta palabra se debe traducir por la de socialismo, no por la del comunismo que implantó Lenin, quien reinventó el término comunismo). Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes".
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Sólo publicarse El Manifiesto surgieron revueltas por toda Europa Continental Occidental, auspiciadas por las clases media y estudiantil, que lograron el cese de Metternich y del primer ministro François Guizot, y con él el régimen monárquico en Francia, fuese parlamentario o no. El absolutismo capituló en Occidente, gracias a ese modelo de revolución  social (1).
En pocos años, la caída de Metternich y las revueltas en Europa cristalizaron en la formación de Alemania alrededor de Prusia, en la independencia de Italia, que unificó sus regiones, y en la pérdida del poder temporal del Papado (2).
Por otra parte, el declive del absolutismo y la consecuente libertad de pensamiento y acción, hizo perder a muchos estados europeos el control no sólo de los ciudadanos sino también de la industria, la economía y el comercio, sectores que sin pausa y con rapidez fueron trasladándose al sector privado, dando lugar a una nueva sociedad que pudo ejercer su creatividad para poder desarrollar todo tipo de bienes y que se reguló por la calidad del trabajo realizado, por el beneficio y por la lógica necesaria de la multipropiedad, de empresas y bienes.
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En Estados Unidos se había llegado a idéntica circunstancia tras liberarse de su dependencia de Londres, en primera instancia, y de la esclavitud, en 1865, gracias al resultado de su guerra civil.
De esta forma nació y creció el capitalismo, a la par que lo hacían la libertad real del hombre, de la democracia. Tres generaciones más tarde, el egoísmo y la dependencia de los políticos a los intereses del capitalismo, hizo desembocar a esa sociedad libre y en progreso al desastre, a la Gran Depresión.
Por todos estos cambios políticos, económicos y sociales promotores del desarrollo que aún continúa, la Edad Contemporánea nació con la publicación de El Manifiesto, que alumbró una nueva sociedad.
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Engels, a la muerte de Marx, continuó en solitario la obra que ambos habían emprendido juntos. En 1889 inauguró en París las sesiones de la Segunda Internacional. Las resoluciones de sus Congresos se tradujeron en un avance en los derechos de los trabajadores, en el auge de los sindicatos, en el reparto social de los bienes de producción y en definir qué es la socialdemocracia, un ideal desarrollado por Karl Kautsky en oposición a Lenin, quien le criticó con dureza "por defender la democracia pacífica" y por formular "gobiernos de coalición con los burgueses". Para Lenin: "Kautsky se había unido a los escritores burgueses, traicionando completamente su posición marxista".
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La primera, y sangrienta, confrontación entre las dos extremas ramas nacidas de la evolución del marxismo, socialdemocracia y comunismo, tuvo lugar en Alemania durante los estertores de la Gran Guerra: la socialdemocracia buscando, junto al resto de los partidos demócratas, una solución para la nación tras la caída del káiser Guillermo II y la derrota bélica, combatió contra el comunismo liderado por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, que habían maniobrado para implantar en Alemania un régimen similar al existente en Rusia a consecuencia de la reciente Revolución de Octubre de 1917.
Además, la Segunda Internacional denunció en el Congreso de Basilea, celebrado en noviembre de 1912, la amenaza que suponía para la paz el imperialismo ejercido por los países demócratas, exhortando a los obreros a luchar por ella. Por desgracia, Francia, Gran Bretaña y Rusia no escucharon los dictámenes de la Segunda Internacional Socialista. La guerra comenzó unos meses después, asoló Europa, y al final a todo el planeta durante más de treinta años.
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Kautsky explicó la injusta situación, existente a nivel mundial, en su ensayo "Imperialismo", publicado en 1902: "El imperialismo es un producto del capitalismo industrial altamente desarrollado. Consiste en la tendencia de toda nación capitalista industrial en someter y anexionarse cada vez más regiones agrarias sin tener en cuenta la nacionalidad de sus habitantes".
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En la segunda década del siglo XX, los socialdemócratas Friedrich Ebert y Jean Jaurés subieron al poder en las democracias de Alemania y Francia.
No obstante, aquellos partidos socialdemócratas no disponían de un contenido económico válido para solventar los problemas sociales, al igual que el resto de los partidos demócratas. Todos ellos estaban inmersos en una política económica liberal sin control efectivo para los codiciosos intereses, ilimitados, del capitalismo.
El crash de 1929 y la Gran Depresión certificaron la defunción de aquel modelo de democracia imperialista y antisocial, surgida tras la caída de los regímenes monárquicos absolutistas. Políticos y partidos quedaron desacreditados, mientras los pueblos de Occidente se hundían en la miseria y la desesperanza..

Por otra parte, en esos años, tanto el comunismo especial de Lenin como el fascismo y el nacionalsocialismo (todos ellos producto de la reacción a aquellas fracasadas democracias) que se habían desarrollado en Europa se hundieron, bien por el resultado de la Segunda Guerra Mundial o por el deterioro del comunismo de Lenin, el leninismo, convertido por Stalin en un sistema social inhumano y reaccionario (tema aparte es la evolución lógica del comunismo chino hacia la democracia, pero estamos escribiendo acerca de Occidente).
El tercer e importante paso que llevó al mundo occidental a la situación política, económica y social actual fue el conjunto de normas financieras conocido como New Deal de Franklin Delano Roosevelt, consistente en la aplicación, en Estados Unidos., de las teorías económicas y sociales que John Maynard Keynes había constatado en la Europa fascista. Estamos en 1933.
El New Deal cambió el rumbo de Estados Unidos, que salió de la Gran Depresión, y, tras él, lo hizo el resto del mundo demócrata.
El Congreso estadounidense había dado un plazo de cien días para comprobar la bondad del New Deal, ya que, con toda razón, fue considerado de "fascista y antiliberal" (3).
Keynes, esperanzado con su proyecto financiero y un tanto social, había manifestado a Roosevelt: "Si usted tiene éxito, podemos fechar el primer capítulo de una nueva era económica". Y así fue, Occidente comenzó a caminar por senderos de progreso y justicia social. Sin embargo, el New Deal no corrigió el imperialismo en el que estaban imbuidas las democracias; no era esa su función.
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Sartre coincidía con Marx acerca de la necesidad de una revolución para liberar al proletariado de su situación. Marx en El Capital expuso: "El proletariado tiene necesariamente por tarea el revolucionar las condiciones de su existencia... pues el proletario ve su impotencia". Sartre en Les Temps Modernes, abril de 1953, escribió acerca de la Unión Soviética de 1920, en tiempos de Lenin, explicando: "La sociedad soviética, en medio de las democracias burguesas, debía imponerse una disciplina de hierro o desaparecer". Sin embargo, una vez que se eliminó la sociedad reaccionaria de los zares y se asentó el comunismo, Sartre, solicitando la creación de un socialismo demócrata, luchó contra la férrea dictadura imperialista de Stalin, un régimen que significó el punto final evolutivo del modelo de socialismo creado por Lenin.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, Gran Bretaña y, sobre todo, Francia regresaron a la política imperialista nacida en el siglo XIX, la que había sido causa principal culpable de la Gran Guerra y, por tanto, vía indirecta, de la Segunda Guerra Mundial (4).
Pero en 1945 se había desarrollado en Asia y en el mundo mahometano un sentimiento nacionalista y, en consecuencia, no se admitía el colonialismo. También, dentro de Francia, voces de distinguidos filósofos, novelistas y artistas encabezadas por Jean-Paul Sartre se erigieron contra una situación irracional en política y militarmente desastrosa, que prolongaba el castigo al pueblo francés en aras del capitalismo.
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Sartre se alzó contra las disposiciones imperialistas de los gobiernos franceses, ya fuesen éstos gaullistas, conservadores o socialistas, pues todos ellos estaban al servicio del capitalismo, del imperialismo. Esta situación estaba conduciendo a Francia al derrumbe moral, económico y cultural.
Sartre manifestó en "El Reformismo y los fetiches", en febrero de 1956: "Entre las últimas charlatanerías de una burguesía que ha perdido todas sus altiveces y el silencio obstinado de los intelectuales comunistas la cultura francesa cae en la ruina".
Sartre tenía toda la razón, los conservadores habían reemplazado, en 1954, en el poder a los socialistas que regían la nación tras el breve mandato del comunista Léon Blum, quien subió tras la época de reconstrucción liderada por De Gaulle. No obstante, fuese cual fuese el color del Gobierno la política exterior era la misma: el imperialismo era un producto de las democracias enlazadas con el capitalismo. Indochina, Suez y Argelia lo testifican.
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En "El fantasma de Stalin", publicado en diciembre de 1956 y enero de 1957, Sartre recriminó a los políticos franceses por su desastrosa intervención en Suez: "Han mostrado a todos una Francia abyecta en la cual nos negamos a reconocernos: cruel con los débiles y cobarde con los fuertes".
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La insistencia de aquellos intelectuales logró crear el suficiente estado de opinión para poder encauzar la política exterior. A ello contribuyó la revolución de mayo de 1968, el Mayo Francés. Y es que los políticos sólo entienden el idioma de las revoluciones o de las depresiones económicas. Francia abandonó la senda del imperialismo. Europa Occidental siguió el camino. El imperialismo expiró, Europa Occidental quedaba conformada, dispuesta para un progreso social y económico (5).
Marx-Engels-"El Manifiesto Comunista"-La Segunda Internacional-Kautsky-Crash de 1929-Gran Depresión-Delano Roosevelt-Keynes-"New Deal"-Sartre-"Mayo Francés de 1968" es la línea válida de personas y sucesos que han configurado nuestro mundo occidental actual, y la Edad Contemporánea, que vivimos.
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(1) Es de señalar que Guizot pudo aplicarse a el mismo las palabras dedicadas a Carlos I en su "Historia de la revolución de Inglaterra (al final del libro): "El espíritu revolucionario es tan fatal a los hombres que ensalza a los que derriba". Seguro que Guizot es hoy más conocido gracias a ser citado en El Manifiesto y a su caída que por su calidad de líder reaccionario.
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(5) A partir de la caída del muro de Berlín, Europa, y no sólo la Oriental, está modificando su forma de actuar. Comenzando por sus dirigentes, los políticos.
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Está Vd. dentro de "Jose Antonio Bru Blog"
Fotografía de cabecera: Karl Marx
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Fotografías en orden descendente:
-Jean-Paul Sartre
-Revolución en París, junio de 1848. Los estudiantes y las clases medias europeas reaccionaron contra el absolutismo al publicarse "El Manifiesto Comunista"
-Gran Guerra. Británicos en Ypres
-Pablo Picasso: arriba, en el centro. Simone de Beauvoir, segunda a la derecha. Sartre: abajo-izquierda; a su lado Albert Camus.
-El accidente del Hindenburg marcó el final de una época en la aviación. De la colección de Bettmann-Corbis.
-II Guerra Mundial. Islas Solomon, junio 1943
-Últimos momentos de la Wehrmacht en París, 26 de agosto de 1944, según la foto de Robert Capa
-Permiso durante la guerra. 1940
-Churchill, Averell Harriman y Stalin en el Kremlin, 1942. Inicios de una Europa que no cuajó.
-II Guerra Mundial.  En el Pacífico
-II Guerra Mundial. Puente de Remagen, marzo 1945
-II Guerra. Día D, 6 de junio de 1944 en Normandía
-Ii Guerra Mundial. Aviación de Estados Unidos en el Pacífico.