12 sept. 2007

Marx, Engels y "El Manifiesto Comunista"


Marx  y  Engels.
                 El Manifiesto, su inmediata repercusión en la sociedad europea
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Reacción en París por la publicación 
de El Manifiesto
Karl Marx y Friedrich Engels publicaron "El Manifiesto Comunista" el 21 de febrero de 1848. Eran unos tiempos en los que Europa Continental vivía bajo las reaccionarias disposiciones promulgadas en el Congreso de Viena. Debido a ellas, el absolutismo se había instalado con desesperante arraigo en la sociedad europea.
Es difícil suponer que los autores de El Manifiesto creyesen que las precisas palabras vertidas en su obra iban a tener un fiel reflejo en la colectividad europea sólo a los pocos días de su publicación. Exponían: "Un espectro se abate sobre Europa, el espectro del comunismo. Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes (...)".
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El Manifiesto apareció en lengua inglesa, francesa, alemana, italiana, flamenca y danesa, pero no en la española, puesto que el "telón de oscurantismo" echado por los Habsburgo sobre los Pirineos, tras la Paz de Westfalia, todavía ejercía con fidelidad su función de aislar a España de las corrientes políticas, religiosas y culturales que surgían y se desarrollaban en el seno de Europa Occidental.
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François Guizot   
óleo Jehan Georges Vibert
Marx y Engels dejaron clara su postura  social con la siguiente explicación: "Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros (...), no tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario".
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Marx y Engels buscaban soluciones necesarias  dentro de una sociedad de carácter autoritario y elitista marcado por el poder para beneficio propio, y que apenas permitía margen de maniobra a la potencial capacidad de progreso.
Marx y Engels consideraban al pueblo trabajador, el proletariado, como el eje central del desarrollo. Sin embargo, ese proyecto era inviable, ya que en la realidad los proletarios eran incapaces de reaccionar, pues eran unos semiesclavos asalariados de las clases embebidas dentro de un capitalismo de corte feudal, que se había radicalizado todavía más en su proyección absorbente e insocial desde los primeros pasos dados en los nuevos tiempos competitivos enmarcados por la revolución industrial, ceñida, entonces en la costa este de Estados Unidos, sur de Inglaterra, norte de Alemania y en alguna medida en los Países Bajos.
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Al final del texto de El Manifiesto, Marx y Engels formularon una invocación al proletariado mundial: "Tiemblen las clases gobernantes ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletariados, con ella, no tienen nada que perder, como no sean sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!". Esta arenga final es consecuente con la idea expresada en el capítulo II dedicado a los "Proletarios y comunistas": "Los trabajadores no tienen patria. Mal se les puede quitar lo que no tienen. (...). La acción conjunta de los proletarios, al menos en las naciones civilizadas, es una de las condiciones primordiales de su emancipación. En la medida y a la par que vaya desapareciendo la explotación de unos individuos por otros, desaparecerá también la explotación de unas naciones por otras".
Klemens von Metternich
Óleo de Thomas Lawrence
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La filosofía vertida en El Manifiesto, antagónica a la pregonada por el sistema político diseñado y aplicado por los dirigentes de aquella sociedad, hizo reaccionar a las juventudes y a  las clases medias de Europa Central y Continental, pero apenas llegó su mensaje a la desunidas y oprimidas clases obrera y campesina, que tardaron una generación en valorar el significado de El Manifiesto. De inmediato, el absolutismo e imperialismo austriaco se vio seriamente acosado, al igual que el totalitarismo francés. El príncipe Klemens von Metternich y el primer ministro francés, François Guizot, temblaron en sus cómodos sillones de liderazgo.
Estas manifestaciones del pueblo, auténticas revoluciones, se extendieron durante las siguientes semanas por diversas capitales europeas en las que sus ciudadanos aún padecían la opresión creada por los regímenes opresores nacidos a la luz del Congreso de Viena.
Klemens von Metternich, príncipe de Metternich-Winneburg, máxima figura del Congreso y principal impulsor del absolutismo imperante en Europa durante un tercio de siglo, se vio obligado a dimitir el 13 de marzo acosado por las violentas protestas acontecidas en la capital austriaca. Guizot lo había hecho el 23 de febrero.
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Consecuencias inmediatas y a corto ersas regiones alemanas. En Berlín, el choque entre el ejército y los revolucionarios causó varios muertos. Estos sucesos aceleraron la formación del espíritu alemán en unas fechas en la que sus habitantes estaban encuadrados en una Confederación Germánica nacida en el Congreso de Viena y regulada, o dependiente, según las regiones, por Austria.
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Relación de los estallidos populares con éxito debido
a la publicación de El Manifiesto Comunista
Europa en 1848

El proletariado y la sociedad bajo la influencia de El Manifiesto Comunista
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Estas revoluciones europeas de 1848 no las protagonizó el proletariado, sólo las secundó. El Manifiesto Comunista había arraigado en las clases medias cultas y en los universitarios. La Revolución de 1848 fue protagonizada por la clase media. El lema "liberté, egalité, fraternité" surgió por primera vez en la proclamación del Gobierno Provisional francés, conformado en aquel 1848.
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Las revoluciones de 1848 y la situación europea de finales del siglo XIX fueron recogidas muy bien por Engels.
Karl Marx
Engels, en el prólogo de la edición alemana de 1890 de El Manifiesto, escribió: "... en los años 48 y 49, el zar que fue proclamado cabeza de la reacción europea... hoy, este mismo zar se ve apresado como rehén de la revolución y Rusia forma la avanzada del movimiento revolucionario de Europa". Engels, en este escrito pecó algo de optimista, pues los zares continuaron con su política reaccionaria, abortando protestas, revueltas y auténticas revoluciones, como fue la de 1905. Si bien triunfó la revolución de 1917, fue debido al enorme error que tuvo el zar al embarcar al ya muy sufrido pueblo ruso en la Gran Guerra sin motivo alguno, sólo por caprichos imperialistas.
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Engels, en la edición italiana de 1893 de El Manifiesto reconoció que las revoluciones de 1848, y las de los siguientes años, no colmaron los deseos socialistas, pero cumplieron la misión de acabar la explotación de unos países por otros. Engels escribió: "La revolución del 18 de marzo emancipó a Italia del dominio del emperador de Austria y a Alemania, aunque esta sujeción fuese menos patente. Entre 1848 y 1871 (año de la Comuna) los mismos, según dijo Marx, que habían inspirado la revolución de 1840 se convirtieron en sus verdugos (esta revolución fue llevada a cabo por los estudiantes y la clase media, su logro fue terminar con un régimen monárquico aún más reaccionario que el anterior)... los obreros se limitaron (entonces) desde el primer momento a ayudar a la burguesía a tomar el poder. (...). Las revoluciones de 1848 condujeron a la unificación de los pueblos dentro de las fronteras nacionales y a su emancipación del yugo extranjero, condiciones que, hasta allí, no habían disfrutado. Estas condiciones son hoy realidad en Italia, en Alemania y en Hungría. Y a estos países seguirá Polonia cuando la hora llegue".
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Marx y Engels en "El hombre
 en la encrucijada". Diego Rivera
Muchos escritores que tratan sobre el significado y evolución del marxismo señalan aquellas fechas como el inicio de la toma de conciencia de clase por parte del proletariado. Lo más importante, en esos tiempos, fue el hecho de que la burguesía europea, tras las generalizadas revoluciones de 1848 y la consecución de sus objetivos, tomó nota del peligro latente que se abría por su izquierda. Ello contribuyó a que las revoluciones en tiempos próximos posteriores sólo sirviesen para terminar de eliminar los excesos que cometían los regímenes monárquicos, pero no para edificar una sociedad justa, progresista y equilibrada. El proletariado francés intentó reaccionar en 1870 con la revolución de la Comuna, pero tras el éxito inicial, no consiguió afianzar sus reclamaciones. Tampoco, en años posteriores, obtuvo la clase obrera europea algún resultado  positivo con las actuaciones violentas de los anarquistas. Para ello, tuvo que esperar a 1917 con el triunfo del socialismo revolucionario aplicado por Lenin en Rusia, y extendido, después por Europa, al ser combinado con el fracaso de las democracias capitalistas, certificado con el crash de 1929 y la consiguiente Gran Depresión.

Todavía habría que esperar casi un siglo, desde la publicación de El Manifiesto, para concebir una sociedad moderna; justo el tiempo empleado para comprender que la aplicación literal del marxismo se convertía en un factor inhumano y reaccionario. Al marxismo, una vez cumplida su misión en 1848 y el logro de que la sociedad fuese más justa, sólo le quedaba una única salida: su transformación evolutiva en la doctrina socialdemócrata, filosofía bien definida y desarrollada durante las sesiones de la Segunda Internacional.
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"Las revoluciones de 1848"

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El Manifiesto Comunista.
 Edición alemana
Capítulo siguiente "El Manifiesto Comunista hoy en día y Jose Antonio Bru".
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En la fotografía de cabecera apreciamos a Marx y Engels
En orden descendente:
-Óleo describiendo la revolución popular provocada en París por la publicación de El Manifiesto
-Guizot, óleo
-El príncipe Klaus von Metternich, impulsor del absolutismo y director del reaccionario Congreso de Viena. Óleo de Thomas Lawrence.
-El papa Pío IX bencice a las tropas que van a combatir para que El Vaticano continúe poseyendo provincias italianas bajo su poder.
-Mapa detallando los estallidos revolucionarios de 1848
-Karl Marx
-Mural (fragmento) de Diego Rivera titulado  "Hombre en la encrucijada" ("Man at the crossroads"), de 1933, inagurado en febrero de 1934. En él, su amigo León Trotsky es la figura central, a la derecha vemos a Marx y a Engels. Eran tiempos difíciles para Trotsky, una vez fallecido Lenin, ¿seguiría Trotsky con el comunismo reaccionario de Stalin? ¿emigraba? ¿continuaba con su revisionismo? ¿qué camino seguirá el hombre, absorto en la elección entre la producción tradicional y las nuevas técnicas?, y, sobre todo: ¿qué triunfará, el capitalismo o el socialismo desarrollado por Lenin y Trotsky? El mural se realizó para  el Rockefeller Center de Nueva York, por encargo de John  D. Rockefeller jr.. En 1934 fue destruido por considerarse que ensalzaba el comunismo y la revolución de Lenin. Rivera lo reconstruyó en el Palacio de Bellas Artes de México.
-"El Manifiesto Comunista" en edición alemana (Manifest der Kommunistischen Partei).
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