27 abr. 2019

La singladura del "Glorioso". Tratado de Asiento de Negros

Lema del blog: "No busquen la verdad en palabras o escritos de los que ejercen el poder o cobran por su función amarilla"

"El último combate del Glorioso", óleo de Ferrer-Dalmau
                                       Varios siglos de enemistad anglohispana
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El Götheborg, de la Compañía Sueca
de las Indias Orientales, naufragó en
1745. En el 2005 se botó una réplica
La reina inglesa María I Tudor se casó con su sobrino, el futuro Felipe II de España. El reinado se caracterizó por dos hechos: la sangrienta persecución de aquellos que no profesaran el catolicismo y por la alianza de España para combatir contra Francia, cuyos intereses chocaban con los de los Habsburgo españoles.
Al morir María I el 17 de noviembre de 1558, Isabel I ocupó el trono inglés, y la religión católica fue perseguida en Inglaterra.
La paz de Cateau-Cambrésis de 1559, puso fin a la guerra entre Felipe II y Enrique II de Francia. Parecía que los franceses perderían algún terreno al ser derrotados en la guerra, pero fue Inglaterra la aliada de España la perdedora, pues si no abandonaba sus plazas de la costa atlántica francesa a Francia, sería invadida por la nueva alianza francoespañola, e Inglaterra, entonces, no disponía de flota y ejército suficiente para defenderse. Inglaterra salió malparada en Cateau-Cambrésis, pero aprendió una gran lección.
Las persecuciones religiosas y el resultado controvertido de la alianza hispano-inglesa marcaron la política futura inglesa, centrada en dos filosofías:
Desarrollar la marina, atendiendo a la formación de los marinos, así como como buscando mejorar la movilidad y la potencia de fuego de sus navíos. John Hawkins puso en los mares los buques de Tres Puentes, que en sus tres cubiertas disponían de cien a ciento diez cañones. Con el paso de los años, se siguió esta construcción naval, siendo el Santísima Trinidad botado en 1791 el buque de Tres Puentes más conocido. Pero los ingleses también desarrollaron los buques pequeños rápidos y maniobrables en cualquier circunstancia marina, ideales para los corsarios y fundamentales en su victoria contra la Armada Invencible.
"Santísima Trinidad", botado en 1769, con tres cubiertas
que se ampliaron a cuatro con 140 cañones para la batalla
de Trafalgar, 1805. Capturado por los ingleses para ser
trasladado a un  puerto inglés, terminó por hundirse.
La otra característica inglesa aprendida en la paz de Cateau-Cambrésis, consistió en considerar como su único rival a la primera potencia europea continental, buscando la alianza con la segunda y procurando no tener problemas con cualquier otra nación europea, y de esta manera actuaron durante los casi cuatro siglos siguientes.
La enemistad anglo-hispana, enraizada en la religión y la riqueza comercial trasatlántica de España existente hasta finales del siglo XVIII, se plasmó en un continuo acoso naval británico contra España y sus flotas militar y comercial, excepto cuando utilizaron a los militares y al pueblo español para derrotar a Napoleón, casi en los mismos tiempos en los que finiquitó el Imperio Español.
La política naval británica desarrollada durante más de dos siglos, consistió en hundir, o apresar, los buques de la marina mercante española, y en apoyarse para el comercio con Asia en compañías navieras de naciones amigas. El Tratado de Utrech modificó durante un tiempo la actitud británica con respecto a los buques españoles.
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                                                             El Tratado de Utrech
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"San José", hundido por el "Expedition"en  
Cartagenade Indias. El buque transportaba 
 oro y monedas. Óleo de Samuel Scott, 1708
Potocarrero, cardenal y consejero de Carlos II, comunicó que el rey a punto de fallecer, le había expresado sus deseos de que se anulase la Ley Sucesoria y la corona recayese en la francesa Casa de Borbón. Este ilegal cambio interesaba a la Iglesia y a los negocios con las colonias, centralizados en la Corte de Madrid. La puesta en marcha de esta irregularidad provocó la Guerra de Sucesión española, 1701-1713, que si bien militarmente favoreció a los ejércitos de la España oficial y de Francia, la victoria no obtuvo el debido reflejo para España en el complejo Tratado de paz de Utrecht. Por él, la Casa Borbón agregó a su administración a España y su imperio (lo que permaneció tras Utrecht), a costa de que España cediese Menorca, Gibraltar, territorios en América del Norte, el Milanesado, Cerdeña y Nápoles. En compensación. España obtuvo una seguridad temporal para su marina mercante y el "permiso" para que ejército de los Borbón recuperase Cataluña y Mallorca, cuyos habitantes no habían estado de acuerdo con la maniobra de Portocarrero, combatiendo contra los Borbón. Para tal fin, Inglaterra, Austria y sus aliados abandonaron a su suerte a estas regiones españolas.
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La Guerra de Sucesión española: una vez más las erráticas decisiones tomadas por los gobernantes españoles, condujeron al pueblo al enfrentamiento. Unos políticos que nunca han aprendido, ni parece que aprenderán, de los rectores estadounidenses e ingleses, antítesis hispana.

                                Implicaciones marítimas del Tratado de Utrech
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Tratado de Asiento de Negros, entre
 España, Francia y Gran Bretaña
Una  de las primeras disposiciones de la Casa de Borbón francesa consistió en que Felipe V Borbón español firmase en 1702 un Tratado de Asiento, por el que Francia, en régimen de monopolio se encargase de captar y transportar africanos en régimen de esclavitud al Caribe español. Por ello, los navíos de guerra ingleses arreciaron sus ataques a cualquier tipo de barco, fuese español o francés.
En 1713, una de las cláusulas del Tratado de Utrecht consistió en que la empresa inglesa "South Sea" en régimen monopolista se encargaría durante treinta años de abastecer de esclavos a las plantaciones españoles en Cuba y Puerto Rico. Con este Tratado de Asiento, un documento oficial que otorgaba un monopolio, amaneció una época tranquila en el Atlántico y un buen beneficio para los ingleses, a cambio del cese de los ataques a los buques españoles.
Pero según se acercaba 1743, crecía la enemistad entre los británicos y la familia Borbón, pues el Tratado de Asiento Negrero no sería renovado. Los ingleses recuperaron su política: comerciar sin problemas con Asia y arruinar a España, para ello, cercar el Caribe era una tarea posible, y dispusieron que su flota se encargase de semejante tarea, pero sin llegar a un confrontamiento a nivel europeo contra Francia y España. Solo se necesitaba una excusa.
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                                                  La Guerra del Asiento, 1739 a 1748
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Navío de época
El 29 de octubre de 1739, un guardacostas español apresó en aguas españolas de Florida a un navío corsario británico bajo el mando de Robert Jenkins. Como castigo, a Jenkins se le cortó una oreja, y Jenkins con ella marchó a la corte londinense. Este acto motivó que comenzasen las hostilidades, definidas por los británicos como "la Guerra de la Oreja de Jenkins"; con este nombre, pretendían trivializar la deseada guerra. 
Robert Walpole, primer ministro reinando Jorge II, consideró que la aplicación de la filosofía alumbrada en Cateau-Cambrésis, no permitía buscar aliados para una guerra que se realizaba sin causas justificadas, pues arruinar el comercio español no era un motivo válido para volver a sufrir un gran conflicto europeo. La guerra debería circunscribirse a una zona lejana, donde se dañara la navegación mercante española. La guerra en el Caribe estaba servida.
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El primer ataque británicó lo realizó el comodoro Charles Brown a La Habana, pero la artillería costera le hizo desistir.
El 21 de noviembre de 1739, el almirante Edward Vernon arrasó Portobelo. Entre el 13 y el 21 de marzo de 1741, tras varios intentos, Vernon, sufriendo graves pérdidas humanas y de barcos, fracasó en su intento de tomar Cartagena de Indias, al ser derrotado por Blas de Lezo.
En octubre y noviembre de 1740, los corsarios ingleses habían desembarcado en la isla canaria de Fuerteventura, siendo rechazados. Londres deseaba una base en el Atlántico Este, y Fuerteventura gozaba de una posición ideal. Al ser la del Asiento una guerra localizada, dejaron esta misión a sus corsarios.
"La captura del Glorioso", óleo de
Charles Brooking. Museo Marítimo Londres

Los franceses intentaron ayudar en la guerra a sus aliados españoles, pero sus marineros sufrieron una epidemia en el Caribe. Estando en esa situación, Londres y París acordaron no internacionalizar una guerra limitada, en unos tiempos de alta tensión en Europa.
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La paz de Aquisgrán de 1748, puso punto final a una serie de ataques a mecantes españoles y a combates marítimos, siendo el más significativo el que mantuvo el navío español "Glorioso". En Aquisgrán se acordó que la situación se restableciera a la existente en 1739, por lo que los británicos devolvieron algunos pequeños territorios caribeños que no sabían qué hacer con ellos.
España perdió en la guerra, hundidos, capturados o seriamente dañados, más de 1.200 mercantes, 17 navíos de línea y 7 fragatas; los británicos algo más de 400 buques de guerra, y sensiblemente más pérdidas humanas.
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                                                   La singladura de el Glorioso
                              Un suceso ocurrido durante la Guerra del Asiento

El Glorioso vs Oxford,
óleo de Ferrer-Dalmau
En 1747, durante la Guerra del Asiento sucedió un hecho heroico protagonizado por la tripulación del navío español de setenta cañones "Glorioso", sobrenombre de "Nuestra Señora de Belén". "Glorioso" era un navío de línea (buques dotados con tres palos, normalmente de dos plantas, que comenzaron a montarse con sesenta cañones  y que llegaron a albergar más de setenta y cuatro, la artillería más frecuente) que había sido botado en La Habana en 1740.
A finales de junio de 1747, el "Glorioso" partió de La Habana con destino Cádiz con un cargamento de plata, al mando de su comandante, el Capitán de Navío Pedro Mesías de la Cerda.
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El 25 de julio, en las proximidades de las islas Azores, el Glorioso fue atacado por el barco inglés Warwick de 60 cañones, que, dañado en la lucha y una vez analizada su impotencia, optó por retirarse. El Warwick estuvo secundado por la fragata (navío de tres palos con una planta de cañones, más los de la cubierta) Lark de cuarenta cañones, que sufrió severos daños, y un bergantín (buque de dos palos, veloz y muy maniobrable) de veinte cañones. John Crookshanks, responsable del fracaso naval, fue expulsado de la Armada Real Británica.
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Carlos III y su entorno en el palacio Real
 óleo de Luis Paret y Alcázar
Días después, el 4 de agosto, cerca de Finisterre, el contraalmirante John Byng a bordo del buque insignia "Oxford" de cincuenta cañones, apoyado por una fragata, la Shoreham de 24 cañones y una corbeta, la Falcon de veinte cañones se enfrentó a el "Glorioso". Byng falló en su propósito de apresar o hundir al barco español, teniendo que huir con sus navíos dañados. El "Glorioso", el 15 de agosto atracó en la ría coruñesa de Corcubión, donde descargó su mercancía y se repararon los daños que había sufrido.
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Si Crookshans sufrió por su mala gestión profesional, más padeció Byng, que en 1756, culpado de cobardía e ineptitud por la pérdida de la isla de Menorca a manos de los franceses, fue juzgado y fusilado. En estos inicios de la Guerra de los Siete Años, 1756-1763, la España de Fernando VI no intervino. 
Pero al morir Fernando VI en 1759, su sucesor y medio hermano, Carlos III, dispuso que los españoles lucharan junto a Francia. La derrota final en 1763, supuso a España cesiones territoriales en el sur de Estados Unidos. Por su intervención en la guerra, los franceses cedieron a España: Menorca y la despoblada Louisiana, un extenso territorio totalmente desatendido que no compensó en absoluto la pérdida de Florida, región deseada por los británicos para desde sus puertos, en servicio, poder controlar el Caribe.
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                                                  Continúa el acoso a el "Glorioso"
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Pedro Mesías de la Cerda
El comodoro George Walker esperaba la salida de el "Glorioso" del puerto coruñés, y el 17 de octubre de 1747 padeció el ataque de cuatro fragatas corsarias, a las que en aguas del cabo san Vicente, se unió el navío HMS Dartmouth de cincuenta cañones. El "Glorioso", tocado, logró escapar. El Darmouth se hundió con su capitán y casi toda  la tripulación. Una fragata quedó seriamente dañada.
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Sin embargo, durante el 18 y 19 de octubre, el "Glorioso" sufrió el acoso del navío de línea Russell de ochenta cañones, que se había unido a las tres fragatas perseguidoras. Durante el segundo día de batalla, con el "Glorioso" desarbolado y sin municiones,  Pedro Mesías de la Cerda no tuvo otro remedio que no fuese rendirse. El "Glorioso" perdió a 33 hombres, con una buena parte de la tripulación herida. El navío, tras ser reparado, navegó un tiempo con bandera inglesa.
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Este artículo está dedicado a Emilio Fernández Sánchez
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