20 dic 2015

Las Guerras del Opio. La rebelión de los bóxers. China, siglo XIX


Tratado de Nanking  1842, firmado por China y Gran Bretaña


                 
 Las Guerras del Opio.  La rebelión de los bóxers


Rebelión  bóxers. Ataque de las
 ocho naciones aliadas a la 

 Ciudad Prohibida de Pekín

El comercio entre China y Europa a través de la Ruta de la Seda se había efectuado exclusivamente por mercaderes orientales, hasta que en la segunda mitad del siglo XIII, en tiempos de Kublai Kan, Marco Polo, que había acompañado a su tío Mateo en su primer viaje, propulsó el comercio de Europa con China y Asia Central con base en Venecia.
Los navegantes portugueses en la segunda mitad del siglo XVI fundaron en la costa del sur de China el enclave de Macao, en la región de Cantón. Con ello, se incrementaron los contactos comerciales y culturales, a la vez que los chinos pudieron conocer las técnicas europeas de construcción.
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Patriotas bóxers en Tianjin

La actitud de Portugal no fue imperialista, tampoco explotadora de los nativos. De esta forma positiva, tanto para Occidente como para el pueblo chino, transcurrieron más de dos siglos y medio.
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El 4 de septiembre de 1839 saltó un conflicto armado entre el Imperio Británico y el Imperio Qing chino conocido como la Primera Guerra del Opio, pues los británicos vendían en China el opio producido en sus colonias de India en contra de los deseos de las autoridades chinas. En 1842, la victoria de los europeos quedó ratificada en el Tratado de Nanking, por él, los británicos salieron beneficiados comercialmente, quedándose por tiempo indefinido en la isla de Hong Kong. El tratado se firmó el 29 de agosto de 1842 a bordo del dreadnought HMS Cornwallis fondeado en aguas de Nanking, entre sir Henri Pottinger y los representantes del Qung. Diez meses hubo que esperar hasta que el acuerdo fuese ratificado por la reina Victoria y  Dáoguang, el octavo emperador manchú Quing que reinó entre 1820 y 1850.
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Las naciones que combatieron a los
bóxers: Británicos, EEUU  Rusia, 
Británico-hindú, Austro-húngaro, 
Francia, Alemania, Italia y Japón

Sin embargo, China era y es una nación muy extensa, con un amplio mercado, tanto para la compra como para la venta de mercancías, y el grado de imperialismo ejercido por los occidentales caminaba paralelo y amparado por poder de sus flotas.
Conforme la presencia occidental, y sus intereses, aumentaba en China, crecían los pequeños conflictos sociales entre las personas de las dos culturas, que desembocaron en la Segunda Guerra del Opio en 1856. El Tratado de Tianjin de junio 1858, ofreció ventajas comerciales a Gran Bretaña (Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda) y Francia, los vencedores. También las obtuvo una emergente Estados Unidos que colaboró en la victoria. Conforme a las disposiciones del tratado, se legalizó el mercado del opio, permitiéndose la difusión del cristianismo dentro de las fronteras chinas.
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El emperador Dáoguang

Rusia, que llevaba con China frecuentes litigios fronterizos con China, aprovechando la situación bélica, firmó con China el Tratado de Aigun en mayo de 1858; en él  logró beneficios territoriales en un lugar alejado de Pekín. El deseo ruso de tener salida al Pacífico fructificó, y comenzó de inmediato a fundar la ciudad portuaria de Vladivostov.
China recapacitó, regresó a la guerra, pero en 1860, por la Convención de Pekín del 18 de octubre de 1860 reconoció su nueva derrota, Debido a ella, el Imperio Británico ocupó parte de la península de Kowloon y se asentó en Shanghái, en el delta del Yangtsé, que así pasó de ser  un enclave de libre comercio, conforme al Tratado de Tianjin, a ser una colonia británica.

Batalla en el archipiélago  Chusan,  5 y 6 julio 1840
gran victoria británica
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7 sepiembre de 1901, los bóxers en
el Tratado de Xinchou

El Tratado de Tianjin marcó la pauta para que otras naciones occidentales y Japón incrementaran su presencia en China ante la incomprensión y desconfianza del pueblo  que se sublevó, actuando, sobre todo, contra los chinos cristianizados al servicio de los occidentales. Los activistas de esta expresión social recibieron el nombre de bóxers.
Llegó el momento, noviembre de 1899, en el que la rebelión popular de los bóxers fue apoyada por el ejército de la emperatriz Cixi. En las frecuentes escaramuzas bélicas, los chinos sufrieron una gran mortandad hasta que fueron derrotados por la Alianza de las Ocho Naciones, encabezadas por el Imperio Británico apoyado por Francia, Estados Unidos, Austria-Hungría, Alemania, Italia, chinos cristianizados y, sobre todo, debido a su proximidad, por Japón y Rusia. La toma de Pekín y su Ciudad Prohibida por parte de los aliados finalizó la situación bélica. El interior de la Ciudad Prohibida sirvió de cuartel y residencia de los civiles y militares de la Alianza durante el asedio de 55 días que llevaron a cabo los bóxers. Se cerró una guerra en la que los europeos sólo sufrieron unos cientos de bajas, siendo la más significativa la del embajador alemán.
El punto final del conflicto se puso en el Tratado de Xinchou del 7 de septiembre de 1901, que fue sellado por los países combatientes más Bélgica, Países Bajos y España. El tratado también se le conoce por el Protocolo Bóxer. Firmado en la embajada de España, sirvió para que el Imperio de China otorgara compensaciones a los países occidentales por la ayuda prestada a los bóxers.
II Guerra del Opio.
 Carga china contra los británicos

Por el tratado, China se abría al exterior con concesiones comerciales, pagaba durante 39 años indemnizaciones de guerra, no podía importar armas durante dos años y se encargaba de ajusticiar a los líderes bóxers.
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En 1911, una nueva revolución popular se dirigió esta vez contra Puyi, que fue derrotado y depuesto. Con esto, Puyi fue el último emperador chino.
Años más tarde, Mao Tse-Tung se alzó contra el régimen impuesto por el Kuomintang, partido nacionalista conservador, que fundado en agosto de 1912 había capitalizado la victoria y triunfado en las elecciones generales realizadas durante ese mismo mes en China.
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Le Petit Journal refleja una masacre que había sucedido en Shanxi, una provincia oriental cuya capital es Taiyuan, donde los bóxers con la complacencia y colaboración de las autoridades locales gubernamentales cortaron la cabeza a misioneros protestantes y católicos, sus familias y a feligreses chinos. La cifra estimada de los masacrados entre hombres, mujeres e incluso niños, varía desde varias docenas  a algunos centenares.


                                               Los bóxers y una de sus masacres




Primera Guerra China-Japón. Ejecución de chinos. 
Grabado japonés



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