13 abr. 2008

Felipe II, el rey imprudente. Tratado de Cateau-Cambrésis

Gran Guerra. Los desastres
Raíces de la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, y de la WWII

Carlos I de España en Mühlberg, óleo de Tiziano
No existe en la conciencia popular una idea clara y precisa de los orígenes y causas de la Gran Guerra. Tampoco de la Segunda Guerra Mundial que no sólo fue influida notablemente por el inadecuado Tratado de Versalles sino también por la gravísima situación social que vivía Europa tras el hundimiento de las democracias, motivado por los excesos liberales de un capitalismo incontrolado.
Es una explicación infantil echar toda la culpa de los conflictos a los perdedores, que "estaban en manos de un káiser belicista, en la Gran Guerra, o de un loco racista, en la continuación bélica, veinte años después". En el primer caso, la verdad está muy alejada de la creencia popular convencional.
La verdad acerca de los sucesos previos que desencadenaron el desastre europeo no tiene mucho que ver con los tópicos, elementales, que han divulgado  políticos vencedores y medios de comunicación subordinados al poder, a esos vencedores.
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                                                              Capítulo Primero
  Las guerras en Europa durante la Edad Moderna. Recriminación a los Habsburgo españoles
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Dominios europeos de la Casa de Habsburgo en 1547.

emblema heráldico de Carlos I
Durante la Edad Moderna, y hasta 1914, las guerras en Europa se padecían por motivos dinásticos o territoriales (siempre, además, existía un factor económico), atendiendo a las ambiciones expansivas de los monarcas, y nunca por los intereses o necesidades de las sociedades en las ellos que vivían. Sólo cuando se interpuso la religión por medio las guerras se hicieron crueles, ya que, entonces, tanto soldados como civiles tenían su opinión y el convencimiento de disfrutar de la posesión de la verdad, y por tanto, de la razón.
Los monarcas estaban emparentados, todos cultos y distantes de los desastres y padecimientos de la guerra. Sus intereses se dirimían en confrontaciones en campo abierto y, a veces, en el asedio de una ciudad cuyas llaves anhelaban. La vida de los civiles y el patrimonio nacional o personal apenas padecía. Aquellas guerras territoriales se pueden muy bien definir con una frase atribuida al emperador Carlos V Habsburgo, Carlos I de España: "mi primo Francisco (por Francisco I de Francia) y yo estamos de acuerdo en una cosa, ambos queremos Milán".
El emperador Carlos V, su hijo Felipe II y descendientes, que utilizaban vidas, esfuerzos y bienes españoles (¿o estos últimos eran de los americanos del centro y sur, procedentes de sus patrimonios y de los logrados a través del trabajo esclavizado?) para su mayor gloria y la de sus parientes que vivían en Austria, y para desgracia de varios pueblos europeos que sufrieron a los tercios profesionales formalizados en España.
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escudo real inglés
Francisco I fue derrotado en la batalla de Pavía, librada en 1521. Hecho prisionero por el soldado Juan de Urbieta, fue trasladado a Madrid donde recibió un trato deferente y firmó "agua de borrajas". Regresó a su casa, y vuelta a empezar la guerra contra el Habsburgo español. Hasta que Francia, por la Paz de Cateau-Cambrésis, de 1559, reconoció que el Milanesado formaba parte del patrimonio de los Habsburgo ubicados en España. Sin embargo, el acuerdo se consiguió a costa de los intereses legítimos de Inglaterra.
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La Paz de Cateau-Cambrésis firmada por Felipe II, Enrique II de Francia e Isabel I de Inglaterra es el origen del carácter político inglés: Inglaterra se había visto envuelta en las continuas y "caballerosas" guerras que sostenían España y Francia debido al matrimonio de Felipe II con su tía María Tudor, María I de Inglaterra.
Cuando María murió en 1558, su medio hermana Isabel I se encontró con una guerra que finalizaba y, a continuación, con una paz vergonzante, pues Felipe II y Enrique II habían decidido ser amigos, y parientes a través de una boda. Entonces, Inglaterra, potencia de segundo orden en esos días, que había participado al lado del vencedor español fue derrotada en Cateau-Cambrésis, perdiendo, debido a las cláusulas del Tratado, gran parte de sus plazas continentales, que pasaron a poder de Francia. Desde entonces, y hasta mediados del siglo XX, Inglaterra (más tarde, Reino de Gran Bretaña y, luego, Reino de Gran Bretaña e Irlanda y, a partir de 1927, Gran Bretaña e Irlanda del Norte) se alió siempre con la segunda potencia continental en contra de la primera. Esta política fue también determinante en las alianzas e incluso el origen de las dos guerras mundiales, al serlo de la Primera.
Isabel I de Inglaterra
Cateau-Cambrésis, la persecución sangrienta de protestantes realizada por María Tudor (se la atribuyen 273 asesinatos realizados con crueldad) y la excomunión de Isabel I en 1571 forjaron el espíritu inglés y su distanciamiento del continente europeo.
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Felipe II con las decisiones que tomó en Cateau-Cambrésis y su postura radical en contra de la libertad religiosa, comenzó a labrarse su particular historia negra. Sus injusticias e irreflexiones, aparte Cateau-Cambrésis, se plasmaron en el trato dado a don Carlos, a Antonio López, al Justicia de Aragón Juan de Lanuza y a los condes de Egmont y Horn en Bruselas, y que culminaron con su mayor acto de imprudencia: la declaración de guerra y enorme derrota sufrida por la Armada Invencible (1). Por todo ello, Felipe II no sólo se ganó a pulso su fama en Europa (no en aquella España, tampoco en la actual "amarilla" que busca glorias donde existieron vergüenzas) sino que, por desgracia, nos hizo partícipes de ella a los sufridos y abnegados españoles.
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La nación española, algunas décadas antes, se había colocado en la vanguardia del mundo por las libertades que gozaban sus comunidades, por sus conocimientos técnicos (que iban desde el gran tratamiento que daban al hierro a la construcción naval o arquitectónica), por brillar en los campos de las humanidades y el arte, por su variedad en todos los aspectos, y, en fin, por el coraje de sus pobladores. España, en aquellos tiempos, era un continente.

Carlos I y Felipe II, óleo de Antonio Arias Fernández
Carlos I, emperador Carlos V acabó, por medio de un baño de sangre, con las libertades políticas y sociales de Castilla, ejecutando con vileza a los castellanos, los comuneros, que reclamaban sus derechos. El enorme nepotismo del Habsburgo había llegado al punto de nombrar en 1517, a su amigo Croy de veinte años arzobispo de Toledo, primado de España, sucediendo al fallecido cardenal Cisneros.
Su hijo Felipe II hizo lo propio con las derechos de Aragón, asesinando a Juan de Lanuza, su primer dignatario, el Justicia del Reino de Aragón.
Sólo existía en España Corte (en sus aledaños es únicamente donde fluía la luz del arte y la escritura) y súbditos, necesarios para las tareas imperialistas en América y las campañas militares en Europa. La caída de las libertades caminaba en el mismo sentido a la calidad humana y económica del ciudadano español, pues sólo crecían sus deberes con los reyes importados. Además, el centralismo asfixiante y reaccionario, ejercido por la Casa de Habsburgo y continuado por la de Borbón, logró consumar la paradoja siguiente: "Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla".
Felipe II manda al duque de Alba
decapitar en Bruselas a los condes
de Egmont y Horn por desear
libertades, acusados de traición
8 septiembre 1567
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Es lamentable la actitud de algunos profesionales "amarillos" que otorgan a FelipeII el mote de "Rey Prudente". Su nieto Felipe IV y su bisnieto Carlos II, siguiendo su carácter, echaron sobre los Pirineos un "telón de oscurantismo" que aisló a España de las ideas que fueron forjando la Europa moderna. La decadencia de España no fue debida a la falta de espíritu o esfuerzo de los españoles, del pueblo. La causa fue la fatal y reaccionaria dirección, que forjó la falta de libertades y pensamiento en todas las regiones de España.
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La guerra franco-prusiana se la puede considerar como la última guerra mantenida "entre caballeros", al estilo de la filosofía emanada en "mi primo Francisco y yo". Desde luego, ese fue el comportamiento de los prusianos cuando derrotaron a unos franceses que tuvieron que padecer las ansias de gloria y expansión de Napoleón III, que creyendo poseer las cualidades de su tío Napoleón Bonaparte declaró motivado por un tema diplomático trivial la guerra a Prusia, pues esperaba ganar con facilidad el conflicto.
La siguiente guerra en el corazón de Europa fue la Gran Guerra o Primera Mundial. Los monarcas creían que sería una más de las desarrolladas en los últimos siglos. Sin embargo, no evaluaron con su debida importancia tres factores: el nuevo y mortífero armamento, los problemas sociales en un tiempo en el que el soldado (civil reclutado) ya tenía conciencia y criterio y la entrada en litigio de Estados Unidos, hecho importante en la guerra, pero más en la paz. Estos inesperados agentes hicieron la guerra cruel y larga y la paz injusta. Además, su ámbito fue el detonador de los movimientos sociales, revoluciones, que condicionaron los años siguientes en el mundo.
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Colonia al final de la Segunda Guerra Mundial
La Gran Guerra se les fue de la mano a reyes y políticos, tanto que aquellos casi desaparecieron, surgiendo nuevos sistemas políticos con novedosos contenidos social y económico. Sólo triunfó la muerte y el comunismo, reacción social que iniciada en Rusia se extendió en los años siguientes por Europa y Asia.
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Hay que remitirse a la guerra de Crimea para comenzar a entender lo motivos que impulsaron a monarcas y políticos continentales, (puesto que la diplomacia británica se movía por otros senderos, los de Cateau-Cambrésis) para iniciar la Gran Guerra y, en consecuencia, la Segunda Guerra Mundial. Los capítulos de esta serie explican el complejo proceso existente que condujo a la Gran Guerra y su continuación en la Segunda Guerra Mundial.

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Gran Guerra.   Trinchera en el Somme
Artículo dedicado a Francisco de Francisco Ortiz, compañero de estudios en el Colegio de San Antón.
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                                                          La Armada Invencible
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La Armada Invencible
El mando de  "La Grande y Felicísima Armada"o Armada Invencible fue encomendada por Felipe II a Alonso Pérez de Guzmán, un noble, muy fiel a la Corona, elegido no por su experiencia naval, sino por su elevado número de títulos, entre los que destacaba el de duque de Medina Sidonia. La dirección de la flota había sido encargada al almirante Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, pero su muerte en febrero de 1588 cambió la dirección en favor de Medina Sidonia.
Los barcos  de la armada partieron de Lisboa (Felipe II era en esos momentos también rey de Portugal) el 28 de mayo de 1588 y en días próximos; cuando, la mayoría de las naves llevaban allí ancladas más de un año con una deficiente organización en el suministro y conservación de los alimentos, factor que ayudó a provocar enfermedades entre los marinos y soldados, que por otra parte viajaron hacinados, al ser aprovechada al máximo la capacidad de los barcos, repletos de una infantería que iba a tomar posesión de Gran Bretaña.
Felipe II por Sánchez Coello
Un mes más tarde, la armada apenas había progresado, excepto en el número de muertos debido a las enfermedades y en la dispersión de los barcos debido a un temporal. Con la debilitada armada fondeada en La Coruña, se pidió a Felipe II que se desistiera del proyecto, pero la soberbia del Habsburgo hizo que los 127 barcos, grandes y pesados, zarparan el 21 de julio, repletos de hombres de armas y de los necesarios burócratas para administrar Inglaterra.
Tras varios combates en franca y continua derrota, sólo regresaron 60 o 70 barcos, desperdigados; mientras los británicos habían sufrido unas pérdidas mínimas. La dirección de Francis Drake, John Hawkins, Charles Howard y Walter Raleigh fue brillante y profesional. Eso sí, después de la derrota, "el sol seguía sin ponerse en los dominios de Felipe II".
Por otra parte, no se pudo contar con los Tercios de Flandes, mandados por Alejandro Farnesio, III duque de Parma, que no lograron hacerse a la mar debido al control ejercido por los ligeros barcos holandeses. Los tercios hubiesen sido determinantes si se hubiese logrado desembarcar en Inglaterra, pero al no poder realizarse el proyecto, fue una suerte para ellos permanecer en unas tierras que ni eran españolas; eran una herencia de María de Borgoña a través de su esposo, el emperador Maximiliano I y de su hijo Felipe I, casado con Juana, hija de los Reyes Católicos. Las tierras y los pueblos no son ni moneda de cambio ni patrimonio de las personas "nobles", menos aún si esa nobleza es ajena a esas tierras y sus hombres. Y eso que Carlos I de España y "Qunito de Alemania" gastó en ellas una buena parte de la fortuna que los soldados españoles al servicio de la Casa Habsburgo requisaban en América.
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Carlos I de España y el banquero Jacobo Fugger
óleo atribuido a Alberto Durero.. A los Habsburgo españoles
no los bastaba con lo extraído en América.
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En fotografía, en cabecera: los desastres de la guerra, con una foto de la Gran Guerra.
Otras fotos, en orden descendente:
-Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, óleo de Tiziano.
-Dominios europeos de la Casa de Habsburgo en 1547, año de su máximo poder. El 24 de abril los ejércitos imperiales de Carlos V, dirigidos por el duque de Alba, vencieron en Mühlberg (Brandenburgo) al ejército de la Liga de Esmalcalda  comandado por el elector de Sajonia y Felipe I landgrave de Hesse.
-Emblema heráldico de Carlos I.
-Escudo real inglés
-Isabel I, Elizabeth Tudor, de Inglaterra. Óleo de Isaac Oliver y Marcus Gheeraerst, pintado en 1600. Isabel I reinó entre 1558 y 1603, marcando el espíritu y carácter inglés ejercido durante los siguientes siglos.
-Los Habsburgo de España: Carlos I y su hijo Felipe II en óleo de Antonio Arias Fernández, retratista del siglo XVII
-Decapitación de los condes de Egmont y Horn, en la Gran Plaza de Bruselas, acusados falsamente de traición por Felipe II.
Los comuneros de Castilla en el patíbulo, Antonio Gisbert
-Colonia. Köln, al final de la Segunda Guerra Mundial
-Óleo que representa a la irónicamente llamada "Armada Invencible",  derrotada con suma facilidad por Francis Drake. Al año siguiente, Drake y John Norreys comandaron la armada inglesa que en operación de represalia, tras desembarcar en La Coruña no obtuvieron el éxito que esperaban.
-Felipe II, fragmento del óleo de Alonso Sánchez Coello.
-Carlos I con el banquero judío Jacobo Fugger, óleo atribuido a Alberto Durero. A pesar de todo el oro que los conquistadores españolas extraián de los pueblos de Centro y Sur de América, las necesidades de los Habsburgo para mantener sus guerras imperialistas en Europa precisaban de préstamos. España tuvo demasiadas quiebras durante la estancia de los Habsburgo en la Corte de Madrid, pues era la encargada de pagar a los Tercios.
-El óleo de Antonio Gisbert, "los comuneros de Castilla en el patíbulo", se refiere a Carlos I Habsburgo, que acabó con las libertades de Castilla, marcando a una sociedad que pasó en sólo tres siglos de ser, probablemente, la más avanzada del orbe a una tierra estéril, en todo.
Auto de Fe, , reinado de Carlos II. 1683
plaza Mayor Madrid, óleo Francisco Rizi
-Auto de Fe en España promovido por la Inquisición y los monarcas, vergüenza criminal que marcó a la rama española de la Casa de Habsburgo. Óleo de Francisco de Ricci, de 1683. La Inquisición, que en los tiempos que representa el cuadro se denominaba "Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición", había sido fundada en 1542 por el papa Pablo III,  actualizando la que existía en el medievo. En el siglo XX, la organización, limitada a la conservación de la fe y las "buenas costumbres", se cambió el nombre a "La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe".
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