31 mar. 2008

La República de Ortega y la de Zugazagoitia y Besteiro

José Ortega y Gasset
En el trascendental julio de 1936 se cruzaron las vidas de José Ortega y Gasset y Julián Zugazagoitia. Hasta entonces ambos se habían afanado para que en España existiese un régimen de libertades, una república de todos y para todos.
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                                                           ORTEGA o la España ideal
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El pensamiento y la acción de Ortega expresa con fidelidad el sentimiento de España, al menos de los valores de la España tradicional, durante la década de los años 1930.
Los parámetros escalonados válidos para expresar los sentimientos y quehacer de Ortega durante aquellos años 30 y los próximos posteriores son: hastío hacia el régimen monárquico, ilusión y cooperación en la implantación de la república; participación en su desarrollo; desencanto por los resultados obtenidos económica y socialmente por la República; huida de la nación al no compartir el ideal de la República transformada en una República Frentepopulista y admitir, de nuevo, en su regreso a la patria durante el régimen implantado por Franco, la presencia de un régimen carente de libertades básicas.
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El rechazo general hacia la monarquía encarnada por Alfonso XIII, culminó con el artículo que Ortega publicó en "El Sol", el 15 de mayo de 1930, y que concluía con la sentencia: "Delenda est Monarchia" (1).
Casi todos nuestros padres, al llegar abril de 1931, estaban ilusionados con la República, y algunos de ellos tuvieron la oportunidad de cooperar para su buen establecimiento. 
Teruel. Mujer y tanque, por Robert Capa
Ortega, junto con Ramón Pérez de Ayala y Gregorio Marañón recibieron en el domicilio del último, en la calle Serrano de Madrid, a Alcalá Zamora y al conde de Romanones, en contacto con el rey, en la tarde del 13 de abril de 1931. En esa reunión Alfonso XIII dimitió al interpretar los deseos del país expresados en las elecciones a concejales a nivel nacional celebradas el día anterior. Alfonso XIII observó que en las ciudades, las principales, en donde la coalición de republicanos y socialistas realizaron campaña la derrota de las fuerzas monárquicas resultó clamorosa. En Madrid, sede del régimen, los monárquicos obtuvieron 95.386 votos por 271.504 de la coalición (2).
Ortega, en unión con con Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, participó activamente en el desarrollo de la República. Los tres fundaron un partido denominado "Agrupación al Servicio de la República", que obtuvo 16 escaños en la primeras elecciones a Cortes Constituyentes, celebradas el 28 de junio de 1931.
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Sin embargo, pronto, basándose en los sucesos y la evolución social, el desengaño y la desesperanza se adueñó de los españoles, haciendo buena la exclamación de Salvador de Madariaga: ¡Que bella era la República en tiempos de la Monarquía!
Guerra Civil. San Sebastián
Arco triunfal en la entrada de los nacionales
Resultó que la economía que había mejorado en los recientes pasados tiempos de la dictadura de Miguel Primo de Rivera se venía abajo. Por otra parte, la violencia popular, en principio consentida, muy pronto se adueñó de las calles en las ciudades y fue el motor de las reclamaciones violentas en el campo. Los sucesos de la quema de templos en mayo de 1931, Castilblanco, Casas Viejas, insurrección de Manresa, huelgas generales... etc. son un claro y desgraciado exponente de la evolución de la concordia social en España.
La Constitución, promulgada el 9 de diciembre de 1931, rompió con las penúltimas esperanzas que habían depositado nuestros padres en la República. Ortega expresó con rotundidad su opinión sobre ella: "Constitución lamentable, sin pies ni cabeza ni el resto de materia orgánica que suele existir entre los pies y la cabeza".
Ortega ante los resultados obtenidos por el régimen exclamaba "no es esto, no es esto". Ortega perdió el entusiasmo tanto por los partidos, incluido por el suyo, como por la política.
Al llegar la guerra civil, Ortega necesitó de la protección oficial para seguir viviendo. Julián Zugazagoitia, encargado del orden en Madrid durante los primeros meses de la guerra, relata en sus memorias cómo se preocupó de la custodia de Ortega, ya que éste estaba acusado de deslealtad a los intereses de la República del Frente Popular. El 31 de julio de 1936 Ortega, junto a otros intelectuales, se vio obligado a firmar, pues su vida corría serio peligro, un manifiesto en el ABC de Madrid a favor de la República, señalando que "ante la contienda que se está ventilando en España, estamos al lado de la República y del pueblo, que con heroísmo ejemplar lucha por sus libertades". Ortega hizo realidad su pensamiento "yo soy yo y mi circunstancia".
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                                            Zugazagoitia y Besteiro o el socialismo ideal

El vizcaíno Julián Zugazagoitia es el reflejo inteligente y honrado de la otra España de aquella década de los 30. De profesión periodista, y catedrático, fue posiblemente, junto a Julián Besteiro, el mejor ejemplo de la España vista desde otro ángulo y otros intereses. Ambos continuaron con sus ideas de libertades y socialismo cuando el PSOE giró hacia el socialismo revolucionario y estalinista al perder, sin paliativos, la asociación de republicanos y socialistas las elecciones de noviembre de 1933 (3).
Besteiro había sustituido a Pablo Iglesias al frente del PSOE en 1925. Por discrepancias en la forma de actuar el partido lo abandonó a principios de 1931. En julio de ese año fue designado Presidente de las Cortes, cargo que ocupó hasta las elecciones referidas.
Largo Caballero deseaba conducir a la sindical UGT al socialismo estalinista que él profesaba; para ello era necesario eliminar a Besteiro, el presidente de este sindicato, quien al perder una moción de carácter revolucionario presentada por el sector caballerista, en enero de 1934, tuvo que dimitir junto a su directiva.
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Al llegar marzo de 1939, Besteiro lideró un movimiento, junto a Segismundo Casado y Wenceslao Carrillo, que se enfrentó a los partidarios de la idea de Stalin, consistente en continuar la guerra hasta el último hombre. Besteiro y compañía intentaban que no se derramara más sangre y obtener unas mejores condiciones de paz tras la inevitable rendición de Madrid, último reducto válido republicano. Besteiro no hizo lo mismo que Pasionaria, Santiago Carrillo, Miguel Hernández, José Díaz, Juan Negrín y tantos otros estalinistas que con la guerra perdida continuaban engañando al proletariado para que se sacrificase en aras de los intereses de Stalin.
Zugazagoitia, que había conseguido escaño de diputado en las elecciones generales de junio de 1931, continuó con sus tareas periodísticas. El 10 de mayo de 1936 los dirigentes del Frente Popular se reunieron el el Palacio de Cristal del Retiro madrileño para elegir un nuevo presidente de la República, al haber eliminado del cargo a Alcalá Zamora, último representante en el poder de la España tradicional (2).
En aquellos días, Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto controlaban, respectivamente, las publicaciones "Claridad" y "El Socialista". Sus directores eran Luis Araquistáin y Zugazagoitia.
Julián Besteiro en Nuevo Mundo
La rivalidad entre Largo Caballero y Prieto para obtener el poder político era manifiesta y se reflejaba en el contenido de sus periódicos y en las diferencias entre sus directores. En la referida reunión, Araquistáin abofeteó a Zugazagoitia. Éste le había empujado antes, al mofarse Araquistáin de la elección de Azaña como presidente de la República, indicando: "así la caída será mayor".
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Cuando cayó en desgracia Largo Caballero por no seguir con total sumisión las directrices de Stalin, y se formalizó un nuevo Gobierno presidido por Juan Negrín, el 17 de mayo de 1937, Zugazagoitia pasó a ocupar la cartera de Gobernación. Al ser depurado Indalecio Prieto por derrotista (deseaba un acuerdo con los nacionales al ver perdida la guerra) y constituirse un nuevo Gabinete, Zugazagoitia fue sustituido por Paulino Gómez Saiz, siendo trasladado a ministro de "otras misiones".
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El 8 de febrero de 1939 Zugazagoitia, junto con Juan Negrín y Vicente Rojo, huyó a Francia por el Paso de La Junquera. En el país vecino siguió ejerciendo su faceta de periodista, enviando sus crónicas a "La Vanguardia" de Buenos Aires; a la vez que, por entregas, iba conformando sus libros: "Historia de la Guerra Civil Española" y "Guerra y vicisitudes de los españoles". Esta es su obra póstuma, editada en Argentina.
En ella, describe la forma de actuar de la República del Frente Popular: "todo tipo de crímenes y arbitrariedades cometidos amparándose en las exigencias de la revolución, y de los que fueron víctimas preferentes la Iglesia católica y el indefinido grupo de los reaccionarios y fascistas".

En estos libros, Zugazagoitia explicó cómo protegió a Ortega y cómo salvó la vida a Wenceslao Fernández Flórez. Además, Zugazagoitia contribuyó a la salvación de otras personalidades.
Zugazagoitia definió al general Miaja como "un pobre viejo cobarde".
Zugazagoitia manifestó que el general alavés Joaquín Fanjul pudo haber escapado, junto a sus tropas, del asedio del Cuartel de la Montaña donde fue apresado, siendo fusilado al mes siguiente. Hecho que de haberse producido, según nos relata, hubiera sido negativo para los intereses de la República, tanto por la valía del general como por los cerca de dos mil hombres que estaban a sus órdenes, incluidos casi dos centenares de falangistas.
Zugazagoitia denunció, en su obra, al "Tribunal Revolucionario", domiciliado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, órgano encargado de dictar las sentencias de muerte. También informó de las ejecuciones masivas, que consideró injustificadas, de Paracuellos del Jarama y Torrejón.
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.........................................    . ...      ....Epílogo
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En junio de 1940, Juan Negrín aconsejó a Zugazagoitia que huyese, él lo iba a hacer, puesto que las tropas alemanas llegaban en su avance a París. Zugazagoitia no consideró necesario irse. Fue detenido por la Gestapo y enviado a España. Aquí fue juzgado y ejecutado en la cárcel de Porlier, en Madrid.

Besteiro, tras fracasar el fallido intento de paz, continuó en Madrid tranquilo con su conciencia. Fue detenido y encarcelado, e indebidamente condenado a treinta años de prisión. Su precaria salud no soportó la dureza de la cárcel de Carmona, donde murió en septiembre de 1940, a los setenta años de edad.

En la actualidad, los nuevos socialistas ensalzan a los Largo Caballero, Indalecio Prieto y Manuel Azaña, entre otros, oportunistas que abrazaron el socialismo triunfante, el procedente de la Unión Soviética, el estalinismo, y los dictámenes de la Tercera Internacional o Internacional Comunista, creada en Moscú en 1917.
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El socialismo actual español (y todos los políticos del país, en general) tiene, en cambio, casi en el olvido a aquellos que como Besteiro y Zugazagoitia mantuvieron con dignidad los proyectos iniciales de democracia y libertad que poseía el partido creado por Pablo Iglesias con los ideales sociademócratas, hasta que el PSOE realizó un cambio ideológico en noviembre de 1933, entonces, la figura de Besteiro se apagó dentro del socialismo.
También faltan al debido recuerdo el hecho que, hasta su muerte, ambos defendieron unos estimables conceptos universales, actuando con nobleza y humanidad dentro de una sociedad violenta y desbordada por los problemas que atenazaban no sólo a España, sino también al mundo occidental.
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Ortega, tras firmar el manifiesto en ABC favorable a los intereses del gobierno del Frente Popular, pudo embarcar con destino a Francia. Regresó a la España de la dictadura de Franco en 1945. Él era un amante de las libertades y la democracia. Sin embargo, como persona sensata conocía muy bien que no siempre se puede aplicar en un país la política ideal. Así lo había expresado en los consejos que regaló a Miguel Primo de Rivera en el artículo publicado en "El Sol" el 27 de noviembre de 1923: "El dictatorial, lo mismo que el demócrata, si quiere hacer algo acertado tendrá..." que olvidarse de componendas.

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El comisario político comunista y poeta
Miguel Hernández arenga a las troas
(4) Leer: El Manifiesto Comunista hoy en día.
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Fotografías
José Ortega y Gasset, en la cabecera
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Fotos en orden descendente:
-Ortega y Gasset
-Tanque en Teruel, de Robert Capa
-"Guerra y vicisitudes de los españoles", Ensayo de Zugazagoitia
-Julián Besteiro en "Nuevo Mundo"
-Fusilamientos de Paracuellos del Jarama. Óleo del alavés Carlos Sáenz de Tejada Enlace con "Santiago Carrillo, Paracuellos del Jarama".
-Tanques T-26, enviados por Stalin
-Grabado con motivo de la decisiva batalla del Ebro
-El comisario político comunista y poeta, Miguel Hernández arengando a los milicianos en la Batalla del Ebro, en la que no cayó ningún comisario estalinista.
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Leer: "El Alzamiento Nacional fue proyectado y provocado por la Internacional Comunista y el Gobierno de la República del Frente Popular español"

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