29 ago. 2007

Jean Valjean y El Manifiesto Comunista. Francia, siglo XIX


Marx y Engels

El Manifiesto Comunista
"Allí donde reside la libertad está mi patria". Este pensamiento nos lo legó Benjamín Franklin, y fue refrendado por Thomas Jefferson con estas palabras: "He jurado luchar eternamente contra toda forma de tiranía sobre la mente humana".
Juan Jacobo Rousseau en su "Contrato Social", expresó: "Los hombres nacen libres y en todas partes se encuentran encadenados"; y tenía toda la razón. Aquellos eran malos tiempos para las libertades de los pueblos que moraban en Europa.
El espíritu liberal que caracterizó la independencia de Estados Unidos, lograda en  1776, se plasmó años más tarde en la filosofía de la Revolución Francesa; y así en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, del 26 de agosto de 1789, en su artículo primero se lee: "Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común".
No obstante, al finalizar la tercera década del siglo XX, en aquellos países herederos del espíritu de Benjamín Franklin, donde residía la teórica libertad de pensamiento, se observaba cómo ésta se había transformado en liberalismo corrupto, capitalismo antisocial e imperialismo.
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.Años antes de que esto sucediera, Karl Marx y Friedrich Engels habían expresado repetidas veces que el concepto de libertad era incluso más una reivindicación social que un ideal de vida. Al cabo del tiempo, ambos lograron que pueblos enteros recuperaran ese derecho inalienable que les pertenecía, y que había sido secuestrado por el poder político.
"El Contrato Social"de
Juan Jacobo Rousseau
Sin embargo, el mundo libre cayó, poco a poco, por el deseo de obtener fáciles beneficios en un liberalismo incontrolado y un capitalismo antisocial que oprimió a sus gentes, a las sociedades en las cuales había triunfado las ideas de Marx y Engels. Al llegar el final de la década de 1920, los conceptos de libertad y justicia social cantados por los padres de la democracia se transformaron en explotación del hombre por el hombre, imperialismo, sufrimiento y miseria para el pueblo.
¡Libertad. Libertad! El hombre consiguió prostituir los conceptos de libertad y  democracia, en todos sus significados, y convertirlos en guerra, hambre, corrupción, injusticia y muerte. No existía libertad, sino un libertinaje irracional que ignoraba lo conveniente al estar la sociedad mundial en manos de pequeños grupos que sólo deseaban el presente, su presente.
Hoy en día existen insignes majaderos que confunden la libertad y la consecuente democracia, bien provenga ésta a través del liberalismo o del capitalismo, con   el socialismo real existente allá por el año 1936, el que procedía de Moscú, el estalinismo, al que rendían pleitesía y le consideraban bandera de progreso, justicia social, libertades y democracia.
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                                            Jean Valjean.. "La Internacional".
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París. Revolución Francesa. La toma de La Bastilla
Jean Valjean fue condenado a cinco años de cárcel en Tolón por haber robado pan para poder comer. Los desheredados de aquellos tiempos, fijados en los albores de la Edad Contemporánea, representaban la mayoría de la ciudadanía y de los campesinos. Todos ellos no disponían, apenas, de posibilidades de vivir con cierta dignidad. El pueblo europeo no tenía acceso a la cultura y a los bienes, incluso los básicos; sólo era mano de obra barata y eventual carne de cañón para las constantes guerras imperialistas o en las colonias.
Jean Valjean intentó fugarse de la prisión. Ese acto se tradujo en alargar su cautiverio durante catorce años más.
Arriba los pobres del mundo
en pie, los esclavos sin pan
alcémonos todos al grito:
¡viva la Internacional!
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Jean Valjean aprendió, en la penitenciaría, a leer, escribir y aritmética. En 1815, la enorme caridad que tuvo con él un obispo cuando acababa de cumplir su condena, modificó su carácter, cesando el odio y temor que profesaba hacia esa sociedad elitista que le ignoraba y le empujaba a malvivir, incluso cuando era una persona digna, trabajadora e inteligente. El policía Javert, que le perseguía por placer, personifica el carácter reaccionario, intolerante y vengativo del poder, que no deja vivir ni prosperar a Valjean, al ciudadano francés, y por extensión, al ciudadano europeo.
La Revolución Francesa, liderada por una empobrecida clase media, se había alzado triunfalmente, en 1789, contra un distante Luis XVI, que sólo contactaba con el pueblo cuando le interesaba ponerle a su servicio.
Sin embargo, aquella revolución sólo sirvió para aumentar la violencia en Francia. La burguesía fracasada alumbró a un Napoleón, hombre del pueblo y para el pueblo, que forjó una Constitución (o de un Decreto, como dispuso aplicar en España cuando llegó hasta Chamartín) moderna, justa, progresista y popular. Pero su derrota final en Waterloo, ante Wellington, supuso la restauración, en Versalles, de la Casa Borbón y la consiguiente reacción opresora sobre ese pueblo francés que había ajusticiado a los últimos reyes y a buena parte de la Corte.
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En el Congreso de Viena, las casas reales de la Europa Continental decretaron medidas pertinentes con el fin de que no se repitiera una nueva sublevación popular dentro de sus fronteras. La España de Fernando VII tomó debida nota de ello, y sin ni siquiera molestarse en acudir al Congreso, cuando fue una nación que contribuyó en mucho en la derrota de Napoleón, sí lo utilizó para que el ejército allí conformado entrara en el país para combatir y derrotar a aquellos, la gran mayoría, que solicitaban el establecimiento de una Constitución que, fundamentalmente, tuviese en cuenta que "España no era patrimonio de familia o persona alguna" y que "el rey considerara a los miembros del pueblo como ciudadanos y no como súbditos". Estos eran términos de la Constitución de 1812, forjada por ese pueblo español que con su sangre y estupidez devolvió a Fernando VII un trono que él había abandonado, y de esta forma, en trágica paradoja, ese pueblo pasó a ser oprimido, y sus tardíos esfuerzos por crear un nuevo mundo fueron aplastados reiteradamente por el re accionario absolutismo reinante.
Removamos todas las trabas
que oprimen al proletariado.
La guillotina en la plaza Concordia
Cambiemos al mundo de base
hundiendo al imperio burgués.
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Jean Valjean, gracias a su inteligencia, conocimientos y esfuerzos logró prosperar. Sin embargo, la mayoría de sus compatriotas del mundo real no tuvieron esa suerte (como muy bien lo refleja Víctor Hugo, el creador del personaje de Jean Valjean, en su obra "Los miserables", de 1862). Luis XVIII y Carlos X no  dieron oportunidad alguna a su pueblo, a semejanza de lo realizado por su pariente Fernando VII en España. Agrupado el pueblo francés y guiado, eso sí, de nuevo por las clases medias, logró erradicar del poder a la Casa de Borbón  debido a la revolución de julio de 1830.
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Agrupémonos todos
en la lucha final
y se alzan los pueblos
por la Internacional.
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Jean Valjean fue, ya que no protagonista, sí privilegiado espectador de ese alzamiento que elevó al trono a Luis Felipe de Orleáns. Pero todavía continuaba siendo efectiva la filosofía política, económica y social emanada del Congreso de Viena, por lo que pronto el nuevo rey y su primer ministro, François Guizot, forjaron un régimen que volvió a esclavizar a los franceses. Fue necesaria una nueva revolución. Corría, entonces, el año 1848.
Esta revolución, liderada por Alphonse de Lamartine, tuvo un padre: "El Manifiesto Comunista", publicado unos meses antes. Gracias a ella, se erradicó el régimen monárquico en Francia, implantándose una república de base social. Pero una vez más se adulteró el nuevo sistema político, puesto que un presidente en funciones se autoproclamó no ya rey sino emperador, tomando el nombre de Napoleón III, al ser nieto de un hermano de Napoleón Bonaparte.
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Welington venca a Napoleón en Waterloo
Comenzó, entonces, en Francia una época imperialista que finalizó en 1870 cuando la nación fue derrotada sin paliativos en la guerra francoprusiana. Conflicto innecesario provocado por la soberbia y ansias de expansión de Napoleón III. Este enfrentamiento fue la principal raíz de la Gran Guerra y, por tanto, de la Segunda Guerra Mundial.
.El pueblo francés reaccionó con violencia ante la necedad de sus dirigentes. La revolución, esta vez, la encabezó la clase proletaria y fue toda ella agrupada. La "Revolución de la Comuna" triunfó y el proletariado se instaló en el poder. Allí fracasó en su gestión, y fue expulsado de él por sus propios errores. Una vez reintegrado el orden y con una nueva República, los franceses reflexionaron. Desde entonces no cayeron, y oportunidades sí las hubo, en sistemas políticos o gobiernos que favoreciesen sin justicia bien a las clases altas o bien a un proletariado que no llegó, o no logró, a implantar la filosofía marxista.
Jean Valjean, ilustración de Gustave Brion
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En la Francia del siglo XIX, tanto Victor Hugo (1802-1885) como Émile Zola (1840-1902) delataron con su pensamiento, vertido en sus novelas, las intolerables diferencias existentes en la calidad de vida entre la esforzada clase trabajadora y la indolente y reaccionaria clase capitalista o burguesa, en un país donde apenas existía clase media, hecho aún más acusado en la estructura empresarial, donde la exigua dirección formaba, o pasaba a formar, parte del capitalismo.
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Tanto Víctor Hugo como Zola justifican la necesidad del desarrollo del socialismo, y Zola, algo posterior, matiza con claridad en su novela Germinal (escrita en 1885, pero que analiza la Francia de la década de los 60) la diferencia entre el socialismo de Marx y Engels y su Primera Internacional (1864) y la gran violencia del incipiente anarquismo, originado por la lentitud de logros, en las reivindicaciones de los divididos obreros, y que florece cuando falla radicalmente el socialismo conciliador. La Revolución de la Comuna de 1871 es el lógico final de un triste proceso social.
En Alemania y Austria-Hungría las diferencias sociales eran menos acusadas que en Francia. En Rusia, aún mayores.
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La guillotina actuando
Karl Kautsky en su obra "La dictadura del proletariado" compara la Comuna de París con la Revolución Rusa: "La Comuna de París fue la obra de todo el proletariado, el partido socialista que gobierna hoy Rusia llegó al poder en lucha contra otros partidos socialistas. Ejerce el poder excluyendo de sus corporaciones gubernamentales a otros partidos socialistas".
Agrupémonos todos
en la lucha final
y se alzan los pueblos
por la Internacional
El día que el triunfo alcancemos
ni esclavos ni dueños habrá
los odios que al mundo envenenan
al punto se extinguirán.
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Sello de Karl Marx
El francés Eugène Pottier redactó la letra de "La Internacional" en 1871, año de la Comuna. El nacido belga Pierre Degeyter compuso la música en 1888.
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Leer: "Marx, Engels y El Manifiesto Comunista"
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En fotografía:
Marx y Engels
La toma de La Bastilla
Mis libros. El editor de El Manifiesto ha cometido el error de representar en la portada un símbolo creado a raíz de la Revolución Rusa. Se comete la falacia de identificar El Manifiesto con el comunismo. Lenin tuvo buen cuidado de que así fuese.
Los Miserables de Víctor Hugo
El Contrato Social de Juan Jacobo Rousseau
La guillotina en Plaza Concordia
Barricada del ejército durante la Comuna de París, en rue Rivoli
Wellington vence a Napoleón en Waterloo. Óleo de J. A. Atkinson
Jean Valjean, del ilustrador Gustave Brion
La guillotina en acción
Marx, sello de 1938.
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